El rostro de Felipe cambió por completo y, con un tono lleno de cautela, respondió:
—¿Qué pasa si lo soy?
—Qué curioso, nunca escuché que Davis tuviera un discípulo como tú —Mila le lanzó una sonrisa que estaba cargada de un mensaje oculto.
Felipe, con las manos escondidas en los bolsillos, cerró los puños. Por supuesto que no era discípulo de Davis. Si se atrevió a inventar esa mentira fue porque el maestro llevaba mucho tiempo retirado y solo quería usar su nombre para relacionarse con MK.
Pero ahora que Mila lo preguntaba, ¿acaso sabía la verdad?
¡Imposible!
Davis era una leyenda del diseño, ¿cómo iba a conocer a una don nadie como Mila Quiroz?
—Je, eso solo demuestra lo ignorante que eres —Felipe se obligó a mantener la calma y soltó una carcajada forzada—. La exposición está por comenzar. Prepárate para ver cómo tu amiguita se hunde en la miseria.
Y sin decir más, dio media vuelta y volvió con Luna.
Mila sacudió la cabeza; Felipe no solo era un arrogante, también era un absoluto ignorante. Atreverse a usar el nombre de alguien como Davis sin pensar en las consecuencias era no tenerle miedo a nada.
—Hermana, ¿no hay ni una sola persona normal en esa familia? —Mónica se acercó, luciendo sumamente confundida.
—Si hubiera alguien normal en esa casa, yo no estaría aquí —Mila soltó un largo suspiro—. ¿Sabes cómo los Quiroz amasaron toda su fortuna?
Mónica negó con la cabeza.
—La cambiaron por sus cerebros. Por eso ninguno está bien de la cabeza —Mila se señaló la sien, con una sonrisa sarcástica—. Don Nicolás es un genio de los negocios, pero sus hijos resultaron ser unos inútiles. Si la familia sigue bajo el mando de Esteban Quiroz, es probable que se vayan a la quiebra muy pronto.
—Hermana, definitivamente eres un milagro genético —bromeó Mónica—. Todos en la familia de Esteban Quiroz son una locura, pero tú eres la única que tiene la mente clara.
—No seas bromista —Mila le tocó la nariz cariñosamente.
—Por cierto, hermana, ¿a qué se refería Felipe cuando dijo que yo me hundiría en la miseria? —Mónica empezaba a preocuparse.
—Lo sabrás cuando llegue el momento —Mila decidió mantener el misterio, dejando a Mónica carcomida por la curiosidad.
—Dime ya, ¡no me dejes con la intriga! Odio cuando me cuentan las cosas a medias.
—Tranquila, Moni —Katia se acercó, con una enorme sonrisa dibujada en su rostro—. Mila y yo tenemos preparado un espectáculo para ti. Si te contamos todo ahora, arruinaríamos la sorpresa.
Katia y Mila se miraron y compartieron una sonrisa cómplice.
Mónica se sintió frustrada, ¡parecía que todos estaban enterados del plan menos ella!
Por otro lado, Felipe, que ya había regresado con Luna, le acarició el cabello con un afecto que se reflejaba en su mirada.

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