—¡Muy bien! Se ve que es una chica con mucho espíritu. —Davis la examinó de pies a cabeza y asintió con satisfacción—. Vi tus bocetos, están llenos de vida. Aunque los trazos aún son un poco inmaduros, tienes un potencial inmenso.
—Señor Davis, u-usted está bromeando, comparada con usted, no soy más que una novata. —Mónica se sonrojó, sintiéndose halagada. Jamás habría imaginado que un maestro de leyenda la alabaría así.
Por instinto, miró a Katia y luego a Mila. ¿Sería posible que el señor Davis estuviera ahí porque ellas le habían estado preparando el terreno en secreto?
—Pequeña, ¿te gustaría ser mi alumna?
—¿Eh?
La sorpresa le cayó como un balde de agua fría, dejándola atónita, con la mente en blanco.
—Moni, ¿por qué te quedas ahí pasmada? —Katia le dio un golpecito amistoso riendo—. ¡Corre a llamarlo maestro!
Los ojos de Mónica brillaron de inmediato y su voz tembló de la emoción:
—¡Maestro! ¡Acepto! ¡Acepto ser su alumna!
—¡Jajaja, perfecto, perfecto! —Rió Davis a carcajadas. Luego se volteó hacia la audiencia y dijo en voz alta—: Señores, como todos ustedes pueden ver, mi única alumna es Mónica Centeno.
—Cualquier otro que diga lo contrario es un vil farsante.
La sala se llenó de exclamaciones al oír esto.
Felipe, para intentar probar su inocencia, había invocado al gran Davis. Pero ahora que el propio maestro había llegado, terminaba adoptando a su rival como aprendiz.
Fue una bofetada contundente, dolorosa y sin piedad.
Felipe miraba a Mónica fijamente; sus ojos destilaban tal veneno que casi se podía sentir. Él había intentado de todo para ser aceptado como alumno, y resulta que ese hombre inalcanzable se había tomado la molestia de aparecer allí solo para aceptar a alguien más.
Sintió que todo lo que había hecho en su vida era una completa burla.
—Señor Davis, su presencia ilumina este evento —se acercó Charles, el director de diseño del Consorcio MK, con una sonrisa—. Felicidades por conseguir una nueva pupila, en nombre del Consorcio MK le envío mis mejores deseos.
—Charles, hablando de eso, recuerdo que estuviste a punto de ser mi estudiante hace años —suspiró Davis con un toque de lástima—. Es una pena que seas alguien a quien le importa demasiado el dinero, eso chocaba por completo con mi visión de diseño.
Charles se limitó a sonreír, sin cambiar su expresión.
—Pero bueno, cada quien sigue su propio camino. Ahora estás muy cómodo en tu puesto de director en MK, así que supongo que conseguiste lo que querías.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada