Entrar Via

La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 207

Nuevo hogarLa Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Charles respiró hondo y exclamó admirado:

—Señor Davis, ahora entiendo por qué valora tanto a la señorita Mila. Este nivel de concepción y dominio del pincel, sin duda alguna, es un talento nato.

Luego sacudió la cabeza con lástima:

—Lástima que la señorita Mila no se dedique de lleno al diseño. De lo contrario, todo el departamento de diseño del Consorcio MK quedaría completamente opacado.

Al oír los elogios de estas dos figuras de peso, los presentes disiparon cualquier duda y empezaron a mirarla con profunda admiración.

Mónica y Katia, por su parte, se irguieron con el pecho inflado de orgullo, como si todo ese reconocimiento también fuera suyo.

Y justo en ese momento...

—¡Ahhh!

Un grito agudo y desgarrador rompió con la atmósfera del lugar.

Todos se voltearon sobresaltados. Vieron a Luna con los ojos rojos, llena de lágrimas, mientras el dorso de su mano derecha estaba inflamado y rojo brillante.

—¡Luna! Perdóname, ¡no fue mi intención! —Felipe estaba hecho un manojo de nervios; sostenía la mano de Luna y le soplaba con desesperación—. Me resbalé hace un momento... ¿No te quemé mucho?

—No es culpa tuya, Felipe... —Luna temblaba de dolor, pero todavía tuvo fuerzas para forzar una sonrisa sufrida—. Es mi culpa por querer tomar algo caliente... por eso pasó este accidente...

Intentó tomar el pincel con manos temblorosas, pero en cuanto sus dedos rozaron la madera, soltó un quejido y el pincel cayó al piso.

—No puedo... me duele demasiado la mano, no tengo nada de fuerza.

—¡Ya no pintes más! ¡Vámonos al hospital! —Felipe estaba consumido por la preocupación; la cargó en brazos al instante y se dispuso a salir corriendo.

—¡Un momento!

Mónica y Katia le bloquearon el paso, actuando en perfecta sintonía.

—Mila ya terminó su obra y probó su talento. ¿Y Luna piensa salir huyendo con el lienzo en blanco? —se burló Mónica—. ¿Eso cuenta como rendición? ¿Acaso admite que no tiene ni la más remota idea de cómo diseñar?

—Uy, qué coincidencia. Primero que quería algo caliente de tomar y luego resulta que se quema la mano derecha. Qué buen guion te armaste —comentó Katia, cruzada de brazos, chasqueando la lengua—. Luna, para librarte de la competencia fuiste capaz de lastimarte a ti misma. Mis respetos.

—Y-yo no lo hice... —Luna escondió el rostro en el pecho de Felipe, llorando a mares.

—¡Ya basta! —Los ojos de Felipe estaban inyectados en sangre y habló con los dientes apretados—. Luna necesita atención médica de inmediato. Si esto se infecta y le deja una cicatriz, ni vendiéndolas a ustedes dos me van a poder pagar.

—¿Acaso al señorito Quiroz se le olvidó? —Katia dio un paso a un lado, y el equipo médico que estaba detrás de ella se adelantó de inmediato—. Aquí mismo tenemos a un equipo médico de primera. Por qué no dejan que atiendan a la señorita Luna; a lo mejor hasta le da tiempo de terminar de dibujar.

—Felipe... —Luna empezó a temblar de miedo y se agarró fuerte de la camisa de Felipe.

Felipe fulminó a Katia con la mirada:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada