En ese momento, Luna sentía que se ahogaba; era como si sus órganos estuvieran friéndose en aceite hirviendo.
Si daba un paso al frente, se enfrentaría a un lienzo en blanco sin tener la menor idea de qué dibujar; si retrocedía, confirmaría ante todos que era una estafadora y una plagiadora.
No importaba qué camino tomara, era un callejón sin salida.
—Hermana, confío en ti —le dijo Felipe con una mirada decidida, casi rayando en el fanatismo ciego—. Ve, demuestra tu talento y haz que todos los presentes se rindan a tus pies.
—De acuerdo... no te decepcionaré, Felipe. —Luna forzó una sonrisa, pero parecía más bien una mueca de agonía.
Enseguida, Felipe se volvió hacia Mila con ojos afilados como navajas:
—Mila, prepárate. Luna va a dejarte en ridículo con su verdadero talento.
Mila curvó ligeramente los labios; un destello de burla cruzó su mirada. No se imaginaba que, estando acorralada, Luna aún se atrevería a seguirle el juego.
—Señor Charles, supongo que no le molesta servir como testigo, ¿cierto?
—Será un honor. —Charles asintió con elegancia—. A mí también me da curiosidad ver qué clase de espectáculo visual nos van a ofrecer estas dos "genios".
Luego dio dos palmadas suaves:
—Que alguien traiga el material de dibujo.
En cuestión de minutos, colocaron dos caballetes con sus respectivos lienzos, junto con todo el set de pintura, esperando a que las dos mujeres tomaran sus lugares.
Mila miró de reojo a Luna y se acercó a su lienzo con paso tranquilo, acomodándose en la silla con una postura tan relajada que parecía que iba a tomarse un té en el jardín de su casa.
Bajo la atenta mirada de todos los presentes, Luna apretó los puños y se arrastró hacia el otro caballete.
A diferencia de la serenidad absoluta de Mila, ella tenía la espalda tensa como una tabla, y estaba tan pálida que más bien parecía un reo a punto de ser ejecutado.
La gente empezó a murmurar.
—¿No será que esta segunda señorita de los Quiroz es una fraude? Nada más véanla, toda encogida, ¿a poco eso es la postura de una gran diseñadora?
—¡Claro que sí! A comparación de Mila, ella parece una cobarde que no da la talla. Estoy seguro de que toda esa fama que se cargaba era puro cuento.
Al oír aquellos comentarios sarcásticos, Felipe hirvió de coraje y les gritó con furia:
—¡Cállense todos! Luna solo está nerviosa por tanta presión. ¡Si escucho a alguien más abrir la boca, la familia Quiroz no se lo va a perdonar!
—Vaya, qué tono tan amenazador tiene el joven Quiroz. —Katia soltó una carcajada burlona y se cruzó de brazos—. Con esa manera de hablar, cualquiera pensaría que los Quiroz son los dueños de Valle Plateado.
—¡Así es! No olviden que la familia Quiroz ya está de capa caída, ni siquiera llegan al nivel de mi familia Centeno. —Mónica levantó la barbilla con arrogancia, disfrutando del momento de opacar a Felipe—. Me gustaría ver cómo es que "no vas a perdonarnos".
Ante las burlas de Katia y Mónica, el rostro de Felipe se tornó oscuro por la rabia, pero no supo qué responder. Solo le quedaba poner toda su fe en Luna, rogando que lograra sorprender a todos para cerrarle la boca a esa bola de criticones.
Sin embargo, al otro lado del salón, Mila ya había empezado.
Movió la muñeca con destreza, deslizando el pincel con total libertad sobre el lienzo. Esos trazos que antes parecían simples rayas, de pronto parecieron cobrar vida propia, entrelazándose rápidamente para crear una imagen deslumbrante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada