En la planta baja, Davis, a quien le encantaba la tranquilidad, cruzó un par de palabras con Mila y se fue de volada.
Ahora Mila era el centro de atención. Ya fuera por quedar bien ante Davis o porque estaban maravillados con su talento brutal, no faltaban los que se acercaban a llenarla de halagos. Pero ella siempre había odiado esa clase de reuniones llenas de hipocresía.
Sin otra opción, terminó aventando a Katia al frente para que la defendiera. Menos mal que Katia era una máster para socializar; lidiar con señoras de sociedad era pan comido para ella.
—Con razón Katia está tan firme como presidenta del Grupo Ignite; sus habilidades sociales son de otro nivel, se mueve como pez en el agua —comentó Mónica al ver a Katia bromeando y riendo.
Mila asintió ligeramente, con una mirada cálida:
—Katia de verdad que me ha hecho un parote en esto. Si no fuera porque ella ha estado manejando el Grupo Ignite allá afuera, yo no habría tenido el valor ni el poder para organizar todo nada más salir de la cárcel.
—Oye Mila, ¿y cómo fue que tú y Katia se conocieron? —Mónica parpadeó, llena de curiosidad.
La mirada de Mila se perdió a lo lejos, como si estuviera viajando en el tiempo hasta el día en que se vieron por primera vez.
—Conocí a Katia en el orfanato. En ese entonces yo era muy callada y los demás niños siempre se burlaban de mí; en cambio, ella era todo lo contrario. Era extrovertida, alegre, como un pequeño rayo de sol. Cada que veía que se metían conmigo, corría a defenderme a puñetazos, como toda una justiciera.
—Rápido nos hicimos mejores amigas. Pero después me adoptaron y me llevaron a un pueblo; perdimos el contacto.
—Y después, la familia Quiroz me trajo de vuelta a la ciudad. Cuando Blanca Quiroz me llevó a comprar ropa nueva, me la encontré en la calle. Traía puesto un traje de botarga repartiendo volantes.
Al oír a Mila contar su historia, Mónica sintió cómo se le conmovía el corazón. Esa amistad en verdad había logrado superar el tiempo y las clases sociales.
Aunque pasaron años separadas, cuando se volvieron a encontrar todo siguió igual. Y hasta cuando Mila fue a la cárcel injustamente, Katia jamás dejó de creer en ella, y sin decir nada formó el Grupo Ignite para prepararle el terreno.
—Mila, tú y Katia, por favor, sigan siendo así de unidas —Mónica estaba llena de admiración y también sentía lástima por ellas.
—Ay, tontita, claro que vamos a estar bien —Mila levantó la mano y le acarició el cabello con ternura—. Esta vez, con el estudio de Felipe y los proyectos que tiene, todo va a pasar a tus manos; me temo que vas a estar muy ocupada por un buen rato.
—Hablando de eso, a Felipe sí que le costó sudor y lágrimas —Al hablar de negocios, Mónica se emocionó—. Hace rato investigué su estudio, y casi toda su actividad está enfocada en abrir mercado en el extranjero. Además, los proyectos que trae entre manos son puros tratos con empresas famosas de otros países. Para la Joyería Centella esto es como si nos cayera un billete de lotería del cielo.
De pronto, sus ojos se iluminaron y miró a Mila asombrada:

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