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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 214

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—Miguel, cálmate.

La voz de Mila cortó el aire como un látigo, sus ojos oscuros emitían un aura tan imponente que Miguel, aún en medio de su histeria, se paralizó.

—Lo que digo es difícil de digerir, pero es la verdad —continuó Mila, con un tono que no admitía réplica—. Además, no habría hecho un viaje tan largo hasta acá solo para inventarme un cuento de hadas, ¿no crees?

Miguel obligó a su mente a enfriarse. Empezó a analizar los motivos de esa mujer. Viendo la situación, ella no tenía ninguna necesidad de engañarlo.

Pero... su hermana había muerto en ese accidente. El cuerpo incluso quedó carbonizado...

¡Un momento!

¡¿Carbonizado?!

¿Y si ese cuerpo irreconocible nunca fue el de su hermana?

—¿Estás segura... de que mi hermana está viva? —Miguel apretó el pecho, intentando calmar los latidos desbocados de su corazón, pero su voz no dejaba de temblar.

—Totalmente —Mila asintió con seguridad y dio un vistazo a su alrededor—. Pero este no es un buen lugar para hablar.

Miguel captó la indirecta de inmediato y le hizo un gesto para que entrara a la precaria choza.

—Yara, quédate afuera vigilando. Avísame si pasa algo.

—Sí, señorita.

Yara se colocó en la puerta, atenta como una pantera al acecho.

Los pandilleros ya habían huido despavoridos por la paliza que Mila les dio, pero los demás vecinos no entendían qué sucedía. Solo sabían que el "cojo" había recibido la visita de alguien importante, una mujer que llegó en un auto millonario que contrastaba horriblemente con la miseria del lugar.

Adentro, las paredes desnudas dejaban ver la pobreza extrema.

Miguel observó la elegancia y la ropa fina de Mila, y al compararla con su habitación oscura y asfixiante, sintió una punzada de vergüenza.

—Disculpa, mi casa no es muy...

—No importa.

Mila arrastró un taburete de madera que parecía medianamente limpio y se sentó. Fue directo al grano:

—No me quedaré mucho tiempo. Solo vine a traerte una noticia: tu hermana, Clara, está viva.

Aunque ya se había preparado mentalmente, Miguel sintió que un huracán arrasaba su interior.

—Entonces, ¿la persona muerta en ese choque... no era mi hermana?

—Así es —asintió Mila, y un brillo gélido cruzó por sus ojos—. Fue una jugada de la familia Quiroz. Ellos sabían perfectamente que lidiar con un muerto era mucho más barato y rápido que lidiar con alguien en estado de coma.

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