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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 221

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—¡Nuno, este asunto debe investigarse a fondo! —Héctor rebosaba de indignación, como si hubiera sufrido la peor de las injusticias—. Si es verdad lo que dices y ese hombre fingió su muerte, ¡entonces hay una gran conspiración detrás de esto! La familia Páez es inmensa y poderosa; si alguien nos tiene en la mira, las consecuencias serían desastrosas.

—Tío Héctor, pierda cuidado. Naturalmente, llegaré al fondo de todo esto —respondió Nuno con tono gélido e indiferente—. Cuando tenga los resultados, vendré a informarle. Lamento la interrupción a estas horas de la noche.

—¡No, no, no! Nuno, sé que lo haces por la seguridad de la familia —Héctor esbozó una sonrisa cargada de falsa amabilidad—. Si descubres algo más, avísame de inmediato.

—Mjm.

Nuno asintió levemente, dio media vuelta y salió de la mansión. Su figura pronto fue engullida por la oscuridad de la noche.

En cuanto la pesada puerta se cerró, la sonrisa en el rostro de Héctor se esfumó en un instante, reemplazada por una mueca de pura malevolencia.

—Parece que este mocoso ya sospecha de mí —masculló entre dientes—. Tengo que adelantar los planes, o si El Verdugo se ensaña conmigo, no saldré bien librado.

Menos mal que Julen lo había llamado antes para advertirle, avisándole que había notado algo raro y evacuado el punto de encuentro a tiempo. Seguramente Nuno había llegado al lugar solo para encontrarlo vacío y, lleno de frustración, decidió aparecerse en su puerta para darle una advertencia y ver si pisaba en falso.

—Hmpf, mocoso insolente. Aún te falta mucha calle —bufó Héctor, con los ojos inyectados de desprecio.

...

La noche transcurrió sin más incidentes.

Cuando Mila despertó, el sol ya estaba en lo alto del cielo, marcando el mediodía.

No fue a la corporación. Total, Yara estaba a cargo de las operaciones y los dos proyectos que tenía entre manos la designaban exclusivamente a ella como responsable. Esos viejos anticuados de la junta directiva ni siquiera se atreverían a toser en su contra.

Apenas terminó de arreglarse, entró una llamada de Mónica Centeno.

—Mila, ya voy en camino con el maestro Davis —la voz de la chica denotaba tristeza—. Este viaje durará al menos una semana. Solo de pensar que estaré lejos de ti tanto tiempo, se me quitan las ganas de ir.

Mila soltó una carcajada suave.

—Tontita, solo si te vuelves más fuerte podrás ayudarme a enfrentar las tormentas, ¿no crees?

—Lo sé, lo sé, solo me estaba quejando un poco. ¡Te prometo que aprenderé muchísimo del maestro y te haré sentir orgullosa! —El tono de Mónica recuperó su firmeza, lleno de motivación—. Ah, por cierto, el maestro dice que el señor Nolan quiere viajar hasta acá para buscarte y charlar sobre esa melodía que compuso hace poco.

¿Nolan?

Mila se quedó perpleja un segundo antes de recordar.

Aquel anciano era un pianista de talla internacional que había conocido por internet. En su momento, Nolan había publicado un demo que recibió halagos de todo el mundo, pero solo ella, con su ojo clínico, señaló un par de errores sutiles. Nolan había quedado tan impactado que, tras un par de intercambios, terminaron forjando una profunda amistad pese a la diferencia de edad.

Nolan había intentado tomarla como discípula, pero para Mila, el piano no era más que un peldaño en su camino hacia la venganza.

Ya fuera el diseño de joyas o su maestría con el piano —habilidades de las que tanto se enorgullecían las niñas ricas de la alta sociedad—, ella se había visto obligada a dominarlas a la perfección durante esos cuatro oscuros años de encierro. Fue precisamente aquel entorno sofocante y desesperanzador lo que liberó todo su potencial.

—Si quiere venir, será bienvenido. Pero estoy muy ocupada últimamente, dudo que tenga energía para ser una buena anfitriona.

—¡STAR, no te preocupes! A ese viejo gruñón no le importará. Con que le regales diez minutos de tu tiempo, será tan feliz como un niño —la risa contagiosa de Davis resonó a través del auricular.

Mila sonrió de lado.

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