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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 242

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¡Pum!

Elías cayó de rodillas y se arrastró hasta llegar a los pies de Paola, llorando a mares.

—¡Paolita, me equivoqué! ¡Te ruego que me des una oportunidad más! ¡Te juro que cambiaré, el resto de mi vida te trataré como a una reina, solo te amaré a ti!

Paola lo miró desde arriba, y la furia en sus ojos se fue transformando en un frío glaciar. Debería haberle dado una buena bofetada y marcharse con dignidad, igual que las otras mujeres.

Pero no lo hizo. Solo se quedó allí, observando en silencio cómo el hombre al que alguna vez tuvo en un pedestal se había convertido en un ser tan patético y repulsivo.

—Así que esta era tu verdadera cara —sonrió Paola con amargura, limpiándose las lágrimas de manera brusca. Su mirada se volvió más implacable que nunca—. Elías, no te la vas a acabar. Por atreverte a jugar conmigo, te voy a enseñar lo que significa desear estar muerto.

Sin decir más, dio media vuelta y se marchó, sin mostrar ni una pizca de remordimiento.

—¡Paolita!

Al ver la espalda de Paola alejarse, el pánico consumió a Elías.

Podía soportar las amenazas de las otras mujeres adineradas, pero las de Paola lo dejaron helado. Aunque su familia era una rama secundaria, su padre, Héctor Páez, era un hombre de inmenso poder en Valle Plateado. Si Paola iba en serio, ni siquiera la rama principal de la familia Quiroz podría protegerlo.

—Se acabó... todo se acabó...

Elías se desplomó en el suelo. El ídolo que hace unos minutos estaba en la cima del mundo, ahora parecía un perro callejero apaleado.

—¡¿Qué diablos pasó aquí?!

Ángela por fin regresó al salón.

Al entrar, se topó con un silencio sepulcral y vio a Elías arrodillado en el suelo, pálido como un cadáver. El corazón le dio un vuelco.

—¿Alguien me puede explicar qué está pasando? Solo salí a hacer una llamada, ¿por qué parece que se acabó el mundo?

—Ángela, me temo que es exactamente eso... —murmuró un empleado tembloroso, relatando todo lo que acababa de suceder.

Al escuchar la historia, Ángela se puso verde de rabia. Caminó en silencio hasta pararse frente a Elías.

¡Plaf!

Levantó la mano y le cruzó la cara con una fuerza brutal. Aunque Elías ya tenía el rostro hinchado como un globo, ella no sintió compasión alguna.

—¡Eres increíble, Elías! ¡Hace un momento estábamos en la cima y en un abrir y cerrar de ojos nos arrastraste a todos por el fango!

—¡Ángela, ayúdame! —El golpe lo hizo reaccionar. Se aferró a las piernas de Ángela como si fueran su salvavidas—. Eres la mejor mánager de la industria, seguro tienes alguna estrategia para limpiar mi imagen, ¿verdad?

Ángela respiró hondo, lo apartó, se sentó en el sofá y se sirvió un vaso lleno de vino tinto para obligarse a mantener la calma.

—Esto... no fue un accidente. Alguien te tendió una trampa para destruirte.

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