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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 244

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—¡Ángela, rápido! ¡Llama de inmediato! ¡Veamos si podemos contactar al maestro Nolan! —urgió Elías, ansioso, aferrándose a esa última esperanza.

Si la oportunidad de llegar al maestro Nolan fracasaba, entonces él... estaría verdaderamente acabado.

Ángela respiró hondo y, con los dedos temblorosos, marcó el número. El largo pitido de la línea parecía martillar su propio corazón, haciendo que los latidos se sincronizaran con el sonido agónico de la espera.

La llamada fue respondida.

—Hola, ¿hablo con STAR? —Ángela contuvo la respiración, utilizando un tono tan respetuoso que rozaba la sumisión.

—Sí.

Una voz fría llegó desde el auricular, breve y directa.

—Soy Ángela, representante de la Agencia Luminaris. Lamento la intromisión, pero ¿sería posible agendar una cita con usted? Tengo un asunto de suma importancia que discutir —dijo Ángela bajando su perfil al máximo, incluso con un leve tono de súplica.

Le aterraba que este genio musical, tan elusivo y misterioso, simplemente le colgara el teléfono.

—Está bien.

Esas dos simples palabras sonaron como música celestial en los oídos de Ángela. Sus ojos se iluminaron al instante.

—Pueden venir directamente al salón 204 del Club Mar de Cristal.

—¿Eh?

Ángela se quedó de piedra. Su mente se quedó en blanco por un segundo.

Antes de que pudiera reaccionar o confirmar, la persona del otro lado ya había cortado la llamada.

—Ángela, ¿qué pasó? ¿Qué dijo STAR? —insistió Elías al ver su extraña expresión.

Ángela giró la cabeza lentamente, mirando hacia el pasillo donde se encontraba una puerta de aspecto común. Su voz salió reseca:

—STAR... está en esa habitación de ahí.

—¡¿Qué?! —El rostro de Elías cambió drásticamente, abriendo los ojos de par en par—. ¿Es una coincidencia? ¡¿Cómo es posible que alguien de su nivel esté justo aquí?!

—A mí también me parece extraño, pero eso fue lo que dijo —suspiró Ángela, tragándose sus sospechas—. Vamos a ver. Solo abriendo esa puerta sabremos si es verdad.

Ambos se arreglaron la ropa lo mejor que pudieron y caminaron nerviosos hacia la puerta. Dieron un suave golpe.

—Adelante.

Una voz clara y fría provino desde adentro.

Elías frunció el ceño. Esa voz... ¿por qué le resultaba tan familiar?

Antes de que pudiera procesarlo, Ángela ya había abierto la puerta.

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