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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 245

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Cuatro años atrás, se rompió la cabeza tratando de crear su primer sencillo. Quería debutar con una canción espectacular para hacerse un hueco en la glamurosa industria del entretenimiento.

Sin embargo, borrador tras borrador, los resultados siempre eran decepcionantes. Justo cuando su inspiración se secó por completo y estaba al borde de un colapso, Mila Quiroz se acercó a él con un manuscrito.

—Elías, esta es una canción que escribí. Tú que eres cantante, ¿podrías darle un vistazo? —En ese entonces, Mila era sumisa. Sostenía el papel arrugado con ambas manos, ofreciéndolo con una humildad absoluta.

Él, lleno de arrogancia, la miró con desdén. ¿Qué podría saber de música una pueblerina recién llegada?

Pero cuando echó un vistazo distraído a la primera línea, sus pupilas se dilataron. ¡Era una maravilla! Ese era el nivel de inspiración con el que había soñado toda su vida y que nunca logró alcanzar.

La canción, titulada *Hermano*, fue compuesta por Mila a su regreso, en un intento desesperado por ser aceptada y querida por su familia.

La melodía era hermosa y conmovedora. Entre sus líneas se respiraba un anhelo de afecto familiar tan profundo que rompía cualquier defensa en el corazón de quien la escuchara, evocando una avalancha de emociones.

—¿Qué te parece? Es... es la primera vez que escribo algo, ¿es muy mala? —preguntó ella, con los ojos brillando de esperanza.

—¡Basura! —respondió él con frialdad, dándole la crítica más cruel posible—. ¿Una campesina como tú cree que puede componer? ¡Qué chiste! Tanto drama familiar da asco.

Agarró el papel, lo hizo una bola y lo arrojó con fuerza al basurero que tenía a un lado.

La luz en los ojos de Mila se apagó de inmediato, pero aun así forzó una sonrisa complaciente:

—Tienes razón. Solo aprendí un poco por mi cuenta, no tengo nivel para esto. Comparado contigo, que estudiaste música profesionalmente, me falta muchísimo.

Esas palabras le hicieron arder las mejillas. Aunque sonaba a un cumplido, para él fue como una burla silenciosa.

—¡Lárgate! ¡Y no vuelvas a molestarme si no te lo permito! —Le gritó con furia, echándola de la habitación y cerrando la puerta de un portazo.

Pero un segundo después, corrió hacia el basurero y, con las manos temblorosas, sacó la bola de papel.

Conteniendo la euforia y el temblor que le recorría el cuerpo, grabó y publicó esa canción. De la noche a la mañana, se hizo viral en todo el internet.

Durante todos estos años, se autohipnotizó, convenciéndose de que la canción era suya, mientras en privado humillaba y pisoteaba a Mila cada vez que podía.

Pero todo lo que hizo fue solo una máscara para ocultar su profundo sentimiento de culpa; nunca tuvo el valor de enfrentar esa sucia y desnuda realidad.

—Elías Quiroz, ¿quién te crees que eres?

La voz fría de Mila cayó sobre él como un balde de agua helada, arrancándolo de las profundidades de sus recuerdos. —Sin tu fachada falsa, no eres más que un ladrón. Todo lo que has perdido hoy solo sirve para revelar tu verdadera naturaleza.

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