—¿Me estás amenazando? —Katia negó con la cabeza, con la mirada llena de desprecio—. Ángela, ¿crees que por tener a un equipo de relaciones públicas en tu bolsillo puedes derribar al Grupo Ignite?
—Déjame decirte algo. Si el Grupo Ignite llegó tan lejos en tan poco tiempo, nunca fue por suerte, sino por poder absoluto. —Su voz sonó profunda y autoritaria, con la arrogancia de quien sabe que domina la situación—. Si te atreves a usar a los medios, te juro que te sacaré a patadas de Valle Plateado para siempre.
Ángela se quedó congelada, intimidada por aquella presencia.
Le temblaron las pupilas. Sus palabras anteriores no habían sido más que un farol desesperado, pero a Katia no solo no le importó, sino que le devolvió el golpe con una presión abrumadora, como una montaña imposible de escalar.
Mila observaba la escena con una leve sonrisa.
Katia había madurado muchísimo en esos años. En un ambiente donde los negocios eran una guerra constante, quién sabe cuántas tormentas tuvo que soportar sola para forjar esa actitud tan implacable.
Una pequeña punzada de culpa le rozó el corazón. Katia no tenía por qué haber cargado con tanto, pero por una simple promesa, construyó en silencio todo este imperio comercial para ella.
—*Katia, quiero vengarme.*
—*Mila, si buscas venganza, yo seré la espada en tu mano.*
—Katia, ven a sentarte —la llamó Mila con voz suave.
Katia, que segundos antes irradiaba una presencia feroz, ocultó sus garras al instante y regresó obedientemente al sofá.
Ángela observó esto con el corazón latiéndole a mil por hora. Estaba claro que quien realmente tenía el control de la situación en ese salón era Mila.
Miró de reojo a Elías y lo maldijo en su mente: *¡Este idiota! ¿En qué clase de monstruo se fue a meter?*
—Mila Quiroz, aparte de escudarte detrás de Nuno Páez y Katia Moreno, ¿qué más sabes hacer? ¡Buscaré la forma, así me cueste todos los recursos de la Corporación Quiroz, de contactar al maestro Nolan! —insistió Elías, aún negándose a rendirse.
—¿De verdad?
Mila agitó suavemente su copa de vino y dijo con indiferencia:
—No tienes que esforzarte tanto. Puedo dejar que lo veas ahora mismo.
—¡¿Qué?!
Los rostros de Ángela y Elías cambiaron de golpe.
—Maestro Nolan, ya puede salir.
Tan pronto como Mila habló, una puerta lateral se abrió y apareció un hombre mayor, de cabello canoso pero con un porte enérgico y unos modales de absoluto caballero.
—¡¿Maestro Nolan?!
Ángela lo reconoció de inmediato. Era la máxima figura de la música internacional.

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