Ángela cerró los ojos, invadida por la desesperación.
¿En qué clase de basura había invertido todos estos años?
¿Vivir de su cara?
Si la empresa no hubiera inyectado cantidades astronómicas de dinero, ¿cómo iba a llegar Elías a la cima solo con esa cara?
Los inversionistas estaban dispuestos a apostar por él porque creían que Elías podía componer canciones al mismo nivel de su gran éxito, convirtiéndose en una verdadera estrella.
¡Pero quién iba a imaginar que era un maldito ladrón, vacío por dentro y sin una gota de talento, que había jugado con toda la compañía!
—Elías, estás acabado. Completamente acabado.
Ángela bajó la mirada hacia el hombre que le rogaba como un perro. En sus ojos solo había rencor y asco.
—A partir de hoy, no mereces ni pisar la industria del entretenimiento. ¡Prepárate para perderlo todo, para pudrirte en el fango y no volver a levantarte nunca más!
Dicho esto, de una patada apartó a Elías y salió del salón sin mirar atrás.
—¡Ángela! ¡Ángela, escúchame! —Elías se tambaleó tras ella. Su arrogancia de estrella había desaparecido por completo; hasta sus pasos se veían patéticos.
Mila observó la miserable escena de Elías, ahora arruinado y sin nada. Una sonrisa gélida se dibujó en sus labios. Con el poder que tenía ahora, aplastar a esa basura contra el suelo no le costaba más que levantar un dedo.
—Mila, esto fue increíble —dijo Katia, agitando su copa de vino con una sonrisa radiante—. Este espectáculo fue cien veces mejor que cuando lo cancelaron la primera vez.
—La última vez no fue obra mía —respondió Mila, encogiéndose de hombros con resignación. La imagen de Nuno Páez cruzó por su mente. Si ese hombre se enteraba de lo que había pasado hoy, ¿volvería a entrometerse?
Desde que sus caminos se cruzaron, Nuno parecía tener un interés especial en meterse en sus asuntos.
—Ay, pero esta vez fue en vivo y con pruebas irrefutables. Ni un milagro lo salva de esta —comentó Katia, chasqueando la lengua, sin ocultar su satisfacción—. Me imagino que la familia Quiroz ya lo está esquivando como si tuviera la peste.
—Don Nicolás valora el prestigio por encima de todo. Después de este desastre, dudo mucho que Elías vuelva a pisar la mansión Quiroz.
Al llegar a este punto, la mirada de Katia se endureció y su tono se volvió más afilado.
—Mila, ¿quién sigue? Ya me muero por ver cómo todos los que te lastimaron se quedan en la calle.
—No hay prisa —murmuró Mila, un destello frío cruzó por sus ojos y su voz sonó gélida—. Acabar con ellos de golpe sería demasiado aburrido. Voy a empujarlos al abismo poco a poco, haré que vean con sus propios ojos cómo todo lo que tienen se convierte en polvo. Solo esa desesperación podrá calmar el rencor que llevo dentro.
El corazón de Katia dio un vuelco. Luego extendió el brazo para abrazar a Mila, mirándola con profunda compasión.

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