Esa orden rompió la última defensa mental de Elías.
Había usado esa cara para llegar a la cima. Incluso ahora, arruinado por completo, albergaba la esperanza secreta de que, mientras tuviera su apariencia, siempre podría aprovecharse de alguna mujer rica y sobrevivir.
Pero Paola iba a destruir su única salida.
—¡No! ¡No puedes hacerme esto! ¡Paolita, yo te amo! ¡Por ti... haría lo que fuera!
Paola lo observó con total indiferencia y movió sus labios pintados de rojo:
—Entonces muérete.
Antes de que Elías pudiera reaccionar, un dolor desgarrador y agudo le atravesó el rostro.
—¡¡Ahhhhh!!
El alarido espeluznante rompió el silencio de la noche, anunciando que esa basura había caído en el abismo para no salir nunca más.
Desde las sombras, Nuno guardó su teléfono y, con un toque en la pantalla, le envió el video a Mila.
*[Pasaba por aquí. Te invito a ver esta función.]*
En el salón, Mila estaba inmersa discutiendo los detalles de unas partituras con Nolan. La vibración de su teléfono interrumpió la elegante conversación.
Abrió el video. Las imágenes mostraban a Elías en el suelo, rodeado de matones, mientras le cortaban las mejillas. Las heridas eran tan profundas que dejaban ver el hueso. Incluso si sanaban, le dejarían cicatrices horribles para toda la vida.
Elías estaba acabado.
Un destello de sorpresa cruzó por los ojos de Mila. No esperaba que Paola, la eterna chica ingenua, fuera tan implacable después de abrir los ojos.
Por supuesto, no sentía ni una gota de lástima por él. Él se lo había buscado.
Mila movió los dedos y respondió:
*[Don Nuno, ¿seguro que pasaba por aquí de casualidad y decidió grabar el momento, o vino especialmente a disfrutar del espectáculo?]*
—Querida, vine a recogerte.
Antes de que el mensaje siquiera se enviara, la puerta del salón se abrió de golpe.
Mila levantó la mirada y vio entrar a Nuno. Aunque llevaba una sonrisa ligera en el rostro, su cuerpo irradiaba un frío persistente y... una clara hostilidad.
Esa hostilidad iba directamente dirigida a Nolan, quien estaba dentro del salón.
Nolan estaba en medio de una agradable charla con Mila y, al ser interrumpido de forma tan abrupta, frunció el ceño:
—¿Y usted quién es?

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