—Esteban, olvidé mencionarte algo importante. La verdad es que si estoy aquí, es porque don Nicolás me dio su aprobación.
La expresión de Francisco era serena, pero su tono conllevaba una autoridad indiscutible.
—Por lo tanto, contando con el poder de veto definitivo que posee el abuelo, sumado al apoyo de los directores aquí presentes, los votos a favor de que asuma la vicepresidencia... ya superan la mayoría.
—¡Eso es completamente imposible!
Esteban se puso de pie de golpe, con los ojos desorbitados y la voz aguda por la alteración.
—Un cambio tan grande... ¡¿por qué el abuelo no me dijo nada?! ¡Yo soy el presidente, no puede pasar por encima de mí!
—Si no me crees, llámalo tú mismo y confírmalo ahora mismo.
Con total tranquilidad, Francisco sacó su teléfono y, frente a todos, marcó el número de don Nicolás, asegurándose de poner el altavoz.
*Tono de llamada...*
El largo y tenso sonido resonó en la sala en absoluto silencio, golpeando los nervios ya al límite de Esteban.
Finalmente, la llamada fue contestada y la voz, ligeramente envejecida pero aún imponente de don Nicolás, se escuchó:
—Francisco, dime, ¿qué pasa?
Francisco esbozó una ligera sonrisa y, clavando la mirada en el rostro pálido y sudoroso de Esteban, respondió:
—Abuelo, ya estoy en la sala de reuniones de la empresa, solo llamaba para saludarlo. Por cierto, acabamos de votar y todos los directores me han dado una cálida bienvenida para asumir el cargo de vicepresidente ejecutivo.
—¡Jaja, excelente! Francisco, parece que a pesar de haber estado ausente tanto tiempo, tu prestigio en la empresa sigue intacto.
La risa fuerte y clara de don Nicolás resonó por todos los rincones de la sala a través del altavoz. Para Esteban, fue como la burla más cruel, aplastando por completo la última chispa de esperanza que le quedaba.
—No se preocupe, abuelo. Ya que he vuelto, daré todo de mí para que la empresa recupere su antigua gloria.
—Muy bien, ponte a trabajar con confianza. Confío en ti.
La llamada terminó, y el tono de desconexión sonó como una sentencia de muerte para Esteban.
La situación era más que clara. Con el respaldo de don Nicolás, incluso si no hubieran hecho uso de su poder de veto, su simple postura garantizaba que el puesto de vicepresidente ejecutivo ya era de Francisco.
¡El único propósito de organizar esa votación había sido avergonzarlo públicamente y darle una bofetada frente a todos!
Mila se recostó perezosamente en su silla, jugando con su bolígrafo mientras disfrutaba de la expresión en el rostro de Esteban, como si hubiera tragado algo amargo. Sentía una inmensa satisfacción.
Pero esto era solo el principio.
En los días venideros, el regreso de Francisco y Pablo desataría las llamas de la venganza. Ellos intentarían mejorar la empresa, pero Esteban, desesperado por aferrarse al poder, contraatacaría con rabia.
Con la lucha entre esos dos tigres, y la intromisión de las hijas de Ramiro, el supuestamente invencible barco de la familia Quiroz estaba destinado a hundirse en medio de disputas internas.
*¡Clap, clap, clap!*
Mila fue la primera en aplaudir, rompiendo la tensión con una sonrisa radiante y sarcástica.

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