Héctor asintió lentamente.
—Acabo de recibir información de que la gente del Club Los Laureles ha acordonado el Muelle del Sur, y... hasta los matones de La Hermandad del Lobo están saliendo de sus agujeros.
—¡¿Qué?! —El rostro de don Pedro palideció de golpe—. ¿Me estás diciendo que los del Club Los Laureles armaron esta emboscada?
—Todavía estamos investigando —suspiró Héctor, haciéndose el consternado—. Pero padre, ambos sabemos perfectamente a quién le pertenece ese club, ¿no? Aunque Enrique es el jefe visible ahora, todos sabemos que, hace años, la verdadera dueña era...
—¡Basta!
Don Pedro levantó la mano, cortándolo de tajo, como si el solo hecho de mencionar ese nombre fuera a invocar al mismísimo diablo.
—Como sea, el Club Los Laureles es nuestro principal sospechoso.
—¡Así es! —asintió Héctor—. Mi difunto hermano mayor tuvo serios problemas con *ella* en el pasado. No me extrañaría que esté cobrando venganza usando a Nuno.
—Pero han pasado tantos años... ¿Por qué atacaría ahora? —Don Pedro negó con la cabeza, sin poder encontrarle sentido—. Si de verdad quería sacarse la espina, habría sido mucho más fácil matar a Nuno cuando era joven y no tenía el poder que tiene ahora.
—Eso sí no lo sé. Además... —Héctor hizo una pausa, fingiendo dudar.
—¡Habla ya! —le gritó el anciano.
Héctor forzó una risa incómoda.
—Lo que pasa es que me enteré de que la verdadera jefa de La Hermandad del Lobo ahora mismo es... Mila Quiroz.
Don Pedro se quedó pasmado, pero luego asintió lentamente. Recordaba que, durante la fiesta de reconocimiento de Mila, Carlos Mendoza, el líder de La Hermandad, había ido personalmente a felicitarla y le había regalado el Club Moonlight.
Lo que no imaginaba era que Mila fuera la auténtica mandamás del cártel.
—Don Pedro, yo creo que a nuestro Nuno lo tienen secuestrado en ese maldito club.
Los tíos, viendo su oportunidad, empezaron a meter cizaña de nuevo.
—¡Sí! Fingen que lo están buscando, pero seguro es puro teatro para despistarnos.
—Don Pedro, si me permite sugerir... deberíamos ir con nuestros hombres armados al Club Los Laureles y exigir que nos devuelvan a Nuno a las buenas o a las malas.
Don Pedro se dejó caer en una silla y cerró los ojos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada