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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 299

—Señores, para los que no lo conocen, este infeliz se llama Lisandro. Es el prestanombres que ayudó a Héctor a triangular y esconder nuestro dinero.

Nuno señaló a Lisandro, que temblaba arrodillado en el piso, mientras perforaba a Héctor con la mirada.

—Durante años, Héctor usó a Lisandro para presentar proyectos fantasma a nombre de empresas fachada.

—Abusó de su poder como directivo para exprimir la empresa desde adentro, gota a gota.

Dicho eso, Nuno extendió la mano. Mateo le entregó un grueso fajo de carpetas que él dejó caer con fuerza sobre la mesa de juntas.

—Y aquí están los registros financieros. El historial completo de cómo nos ha estado robando todo este tiempo.

Los accionistas se abalanzaron sobre los documentos. A medida que leían las transferencias bancarias y los balances falsificados, sus rostros se iban desfigurando de pura ira.

—¡Eres un desgraciado, Héctor! Te hacías pasar por el tío comprensivo, ¡pero por la espalda eras la peor de las escorias!

—¡Es un parásito! Nos ha robado cientos de millones. Quería dejarnos en la calle.

—Yo llegué a creer que eras capaz de llevar las riendas del negocio, pero ahora entiendo tu urgencia. Solo querías la presidencia para saquear lo último que quedaba.

Tanto los cómplices de Héctor como los accionistas neutrales le dieron la espalda de inmediato.

Al final del día, eran buitres financieros. Solo se guiaban por el olor del dinero.

Ahora que Héctor había puesto en riesgo sus propias fortunas, ya no servía para nada.

Rodeado por los insultos y el repudio de todos, Héctor comenzó a reír, una risa seca y derrotada.

—¡Qué lástima! Me faltó tan poco... Si hubiera actuado un segundo antes, todo este imperio sería mío.

—¿Un segundo antes? —Nuno lo miró con absoluta frialdad, sus ojos brillando con un desprecio congelante.

—Tú no llegaste un segundo tarde. Llegaste años tarde. Creíste que eras el maestro del engaño, pero no te diste cuenta de que cada uno de tus movimientos era parte de mi plan.

Héctor levantó la cabeza de golpe, el terror reflejándose en sus ojos.

—¡¿Qué estás diciendo?! ¡¿Ya sabías lo que iba a hacer?!

—Así es. Desde el día en que tu hijita Paola contrató a esos sicarios, he estado rastreando absolutamente cada paso que dabas en la oscuridad.

Héctor sintió que el aire se le escapaba. Recordó aquella noche reciente en que Nuno fue a su casa para amenazarlos. En su momento creyó que era por la estupidez de Paola, pero ahora comprendía que Nuno solo estaba midiendo sus defensas, comprobando si ya había mordido el anzuelo.

Al fin lo entendía.

Miró al hombre frente a él. Recordaba al Nuno inexperto de hace años, pero ese chico había desaparecido. Ahora era un monstruo implacable y calculador.

—Don Nuno, ¿cree que podamos recuperar los fondos que este infeliz se robó? —preguntó uno de los accionistas con desesperación.

Nuno negó con la cabeza lentamente.

—Mis analistas ya están rastreando el dinero. Pierdan cuidado, les daré una solución.

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