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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 304

Mila lo miró de reojo, observando en silencio a ese hombre que parecía estar lleno de heridas invisibles.

—No soy buena consolando a la gente, así que solo te daré mi opinión desde fuera.

—Si lo piensas desde la perspectiva de Don Pedro, sin importar lo que haya hecho Héctor, sigue siendo su hijo. Con esa mentalidad anticuada sobre la sangre y la familia, ¿cómo iba a enviar a su propio hijo a la cárcel con sus propias manos?

—Seguro piensa que, como la tragedia ya pasó y no se puede hacer nada, ¿qué sentido tiene destruir la vida de otro de sus hijos?

—¡Ja... jajajaja! —Nuno estalló en carcajadas, aunque su risa sonaba más dolorosa que el llanto—. ¿Todo por los lazos de sangre? ¡¿Así que está bien obligar a otra 'persona de su sangre' a vivir llena de dolor y culpa?! ¡¿Está bien dejar que mi madre muriera sin que se hiciera justicia?!

Al ver la sonrisa rota de Nuno, Mila sintió una extraña punzada en el pecho. Sin pensarlo mucho, se acercó un poco más y le palmeó suavemente la espalda.

Ese simple gesto en medio de la fría noche valía más que mil palabras.

Nuno se giró y se encontró con los ojos de Mila, que reflejaban una ligera compasión. En ese momento, las barreras que había levantado en su corazón se derrumbaron por completo.

Un segundo después, extendió los brazos y envolvió a Mila en un fuerte abrazo.

Mila se quedó helada e instintivamente trató de zafarse, pero se detuvo al escuchar su voz ronca y entrecortada susurrándole al oído.

—Déjame... abrazarte un segundo.

Mila soltó un ligero suspiro, bajó los brazos y dejó que él se apoyara en ella.

Después de un largo rato, Nuno la soltó con cierta renuencia. El tono rojizo de sus ojos había disminuido un poco y parecía mucho más tranquilo.

—¿Qué piensas hacer ahora? —preguntó Mila con naturalidad.

Un brillo frío y afilado atravesó la mirada de Nuno.

—Ya que el abuelo eligió a Héctor Páez, entonces... yo también debo tomar una decisión definitiva y deshacerme por completo de ese barco que se hunde llamado Consorcio Galdós.

Al escuchar eso, Mila levantó una ceja y sonrió.

—Esa es la actitud que se espera de 'El Verdugo' de Valle Plateado. Pensé que te ibas a quedar deprimido por un buen rato.

—No soy tan débil —Nuno negó con la cabeza. Su tono de voz volvió a ser el de siempre, distante pero ahora cargado de una nueva determinación—. Aunque claro, soy humano, tengo sentimientos. Pero una vez que me lamo las heridas, tengo que seguir mi camino.

—Perfecto, entonces te deseo mucho éxito —Mila levantó la mano y le dirigió una mirada cómplice.

Nuno miró la palma de su mano, blanca y radiante, y levantó la suya para chocarla suavemente.

El sonido del choque resonó claro y fuerte en el silencio de la noche.

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