—Después de que nos fuimos anoche, ¿no habrá pasado alguna desgracia? —preguntó Rodrigo Leyva con el ceño fruncido, tamborileando los dedos sobre la mesa con nerviosismo—. Todo este drama familiar... ¿no habrán sacado a Don Nuno de la jugada?
—¡Señor Rodrigo, mida sus palabras! ¿Quién se cree que es Don Nuno? ¡Si este imperio se mantiene en pie, es gracias a él! ¡Si lo sacan, el Consorcio Páez se viene abajo!
Al escuchar esto, todos asintieron. Nuno había llevado a la empresa a lo más alto usando métodos letales y su éxito era indiscutible. Todos los contactos y contratos importantes estaban bajo su poder. Si perdía su posición, el consorcio quedaría mutilado.
El murmullo en la sala se hizo más fuerte y el pánico empezó a apoderarse de todos.
—¡Silencio!
Una voz ronca, pero llena de autoridad, silenció la sala en un instante.
Los accionistas sintieron un escalofrío y giraron la cabeza. Don Pedro Páez entró caminando con firmeza, apoyado en su bastón. Los hombres de traje intercambiaron miradas nerviosas. El hecho de que el anciano, que llevaba años retirado, apareciera de pronto le daba un toque aún más siniestro a la situación.
Don Pedro se sentó en la silla principal. Sus ojos, aunque cansados, barrieron la sala con una mirada aguda que todavía imponía respeto.
—Señores, hoy he venido a hacer dos anuncios —La voz del anciano no era fuerte, pero cada palabra pesaba toneladas—. Primero: Nuno está delicado de salud y no puede seguir a cargo del consorcio. No se presentará a trabajar por un largo tiempo.
La noticia cayó como un balde de agua fría. Todos palidecieron.
Sus peores temores se habían hecho realidad: ¡Don Nuno había sido destituido! Eso de 'delicado de salud' era solo una excusa barata para ocultar el golpe de estado.
—¡Don Pedro, esto es inaceptable! —Rodrigo se levantó de un salto, visiblemente alterado—. Don Nuno ha dejado el alma por esta empresa, sus números hablan por sí solos. Toda la junta y los empleados lo ven como el pilar fundamental. Si de pronto se retira, ¿qué van a pensar los trabajadores? ¿Cómo va a reaccionar el mercado?
Él necesitaba una explicación real, no esas mentiras mal contadas.
Don Pedro entrecerró los ojos y clavó su mirada gélida en Rodrigo.
—Nuno lleva años matándose a trabajar, ¿acaso no tiene derecho a descansar un poco? ¿O estás insinuando que se va a ir para siempre del consorcio?
—No me refería a eso, es solo que... creo que la empresa sin él...
—¡¿Sin él la empresa se hunde?! —Don Pedro golpeó la mesa con furia—. ¡Son una bola de inútiles! ¡Con razón Nuno terminó tan agotado, si tiene que cargar con toda una manada de zánganos que solo calientan la silla!
Ante la explosión del anciano, los accionistas agacharon la mirada, sin atreverse a decir una sola palabra. Llevaban tantos años bajo la protección de Nuno, ganando dinero sin esfuerzo, que se habían vuelto perezosos y habían perdido el sentido de alerta.
—Estas largas vacaciones le vendrán bien a Nuno, y de paso, servirá para que ustedes espabilen y dejen de depender de él para todo. —Aunque las palabras de Don Pedro eran pura manipulación, lograron dejar a todos sin argumentos.
Hizo una pausa, paseó la mirada por las caras llenas de pánico de los accionistas, y soltó la segunda bomba.

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