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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 307

—Je, ¿qué podría estar planeando? Simplemente ya no quiero saber nada de esto. De ahora en adelante, lo que pase con el Consorcio Páez no me interesa en lo absoluto.

Mientras decía eso, Héctor estudiaba cada uno de sus gestos.

Notó que en los ojos de Nuno había una mezcla de profunda decepción y cansancio. Parecía que realmente había tirado la toalla y solo quería cortar cualquier lazo con la familia Páez.

¡Claro!

Después de todo, él era el asesino de la madre de Nuno.

Y ahora que el anciano había intervenido, utilizando su relación de sangre para protegerlo, Nuno debía estar sumamente desilusionado.

Durante todos esos años, Nuno había entregado su vida y su alma por la familia y por la empresa. Sufrir semejante puñalada por la espalda por parte del abuelo decepcionaría a cualquiera.

Parecía que Nuno de verdad quería vender las acciones y que no era ninguna trampa.

—¿Estás seguro de que me vas a vender todas tus acciones? —preguntó Héctor para confirmarlo.

—Tío, cuando tomaste el poder fuiste muy decidido. ¿Por qué ahora que tienes la oportunidad perfecta estás dudando como un cobarde? Con razón...

—¡Cállate! —lo interrumpió Héctor, y luego añadió con los dientes apretados—: Quiero las acciones. Pero necesito un poco de tiempo para juntar el dinero.

Nuno metió las manos en los bolsillos y le sonrió con tranquilidad.

—Es lógico. Pero date prisa, tío. Hay muchísima gente interesada en comprar las acciones del Consorcio Páez, no solo tú.

La expresión de Héctor cambió de inmediato.

—¿Planeas ofrecérselas a alguien más?

Nuno se encogió de hombros, como si el tema le diera igual.

—Ya no me queda ni una pizca de cariño por la familia Páez, lo único que quiero es dinero rápido.

—Te ofrezco la prioridad de compra para darle un último poco de respeto al abuelo.

Al escuchar esa justificación, Héctor finalmente respiró aliviado.

—Tres días. Dame tres días y tendré el dinero listo.

—De acuerdo, tres días. Ni un segundo más. —Nuno sonrió de lado y se dio la vuelta para salir de la oficina.

Antes de cruzar la puerta, le dio una advertencia: que no le dijera una sola palabra al abuelo, o el trato se cancelaría.

Al ver a Nuno alejarse, el corazón de Héctor comenzó a saltar de alegría.

—¡Je, je, Nuno Páez, eres un imbécil! Vender todas tus acciones de la empresa... pero mejor para mí, así no tendré que dormir con un ojo abierto pensando que vas a regresar a quitarme mi puesto.

Por supuesto que Héctor no iba a decirle a Don Pedro sobre la compra de acciones. Si el viejo se enteraba, intervendría de inmediato.

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