—Luna... —la voz de Ariel se suavizó mientras le tomaba la mano—. Desde que soltaron a esa malagradecida, la casa es un infierno. Te ha tratado muy mal.
—Esta vez, voy a darte el lugar que te mereces para que brilles.
—Eres el mejor hermano del mundo.
Luna lo abrazó, fingiendo estar conmovida, y luego asintió con determinación.
—Voy a asegurar esos proyectos. No te decepcionaré ni a ti ni a mi papá.
—¡Así se habla!
Ariel asintió y le pidió a César que la acompañara y la asistiera en la junta.
En la sala de reuniones.
El representante de la familia Páez era Mateo.
Y por parte del Grupo Ignite, la mismísima Katia Moreno.
Ambos eran figuras de muchísimo peso, líderes indiscutibles en sus respectivos grupos.
Ana, la secretaria encargada de recibirlos, no podía evitar sentirse intimidada ante la imponente presencia de ambos. Estaba hecha un manojo de nervios.
¡Clic!
¡La puerta se abrió!
Luna entró a la sala con la cabeza en alto, intentando proyectar confianza y autoridad para que no la menospreciaran.
César, su gerente de respaldo, iba pegado a ella como una sombra.
—Buenos días. Soy Luna Quiroz, la encargada de discutir la negociación con ustedes el día de hoy —Luna hizo una ligera inclinación y se presentó de manera profesional.
Pero ni Katia ni Mateo dijeron una sola palabra. Ni siquiera se molestaron en levantar la vista.
La sonrisa que Luna había preparado se congeló, pero intentó de nuevo.
—Nos honra enormemente que nos visiten. Para nuestra empresa es un gran privilegio. Para demostrar nuestro compromiso con el proceso...
—¡Un momento!
Katia frunció el ceño, mirándola con irritación.
—¿Qué tanto balbuceas? ¿Una simple hija adoptiva cree que tiene el nivel para negociar con nosotros?
Las pupilas de Luna se encogieron y apretó los puños. Katia Moreno la estaba humillando sin piedad en su propia cara.
Pero se contuvo y forzó otra sonrisa.

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