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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 72

El corazón de Corina dio un vuelco.

¡Este infeliz está loco! ¡Así que la quiebra de la familia Landa realmente fue obra de Nuno Páez!

—Yo... ¡lo entrego! —Luna supo que no podía escapar, así que sacó el contrato de su bolso con humillación y se lo entregó temblando—. Esto... siempre fue de la señorita Mila.

—Luna... —al ver a Luna soportando tanta humillación, a Corina le dolió el alma—. ¡No te preocupes, te juro que te ayudaré a recuperar todo lo que has perdido!

Luna sonrió con amargura. De repente, su cuerpo se aflojó, puso los ojos en blanco y se desplomó hacia atrás.

—¡Luna! ¡Luna, ¿qué tienes?!

Corina se asustó a muerte. La abrazó de inmediato, dispuesta a salir corriendo de la sala de reuniones.

Mila observó la escena con una sonrisa burlona.

El truquito de Luna seguía siendo el mismo de hace diez años, no había mejorado en nada.

Antes, en la familia Quiroz, para incriminarla y atraer la furia de su familia hacia ella, la táctica favorita de Luna era fingir un bajón de presión y desmayarse en el acto.

En ese instante, la rabia de su familia llegaba al límite, y por más que Mila intentara defenderse, cualquier explicación sonaba vacía frente a la débil e indefensa víctima inconsciente.

Pero ahora...

—Un momento.

Mila detuvo a Corina con voz perezosa.

—¡Mila Quiroz, ya está desmayada, ¿qué más quieres hacer?! —Corina la miró con los ojos muy abiertos por la furia.

Mila esbozó una sonrisa enigmática y se arremangó lentamente.

—La verdad es que, en ese lugar donde estuve, también aprendí algo de medicina natural. Ya que se desmayó, ¿qué tal si la curo?

Los párpados de Luna, que estaba apoyada en el hombro de Corina, temblaron imperceptiblemente. El tono burlón de Mila le hizo sentir el peligro por puro instinto.

—¿Tú? ¡¿Sabes de medicina?! —Corina estaba incrédula.

—¿Es tan raro? —Nuno Páez se metió las manos en los bolsillos, observando a su esposa con interés—. En un lugar como ese, las heridas son el pan de cada día. Si no aprendes a curarte, ¿cómo sobrevives?

El argumento era tan lógico que nadie podía refutarlo.

Los altos ejecutivos no se habían atrevido ni a respirar desde que Nuno entró. Ahora, al verlos a los dos siguiéndose el juego, sintieron una extraña pero perfecta sintonía de pareja.

¡Dios mío! Debían estar volviéndose locos.

Este era el mismísimo Verdugo de Valle Plateado, famoso por no acercarse a las mujeres. Pero de pie junto a Mila Quiroz, esa imponente aura de poder compartido los hacía lucir malditamente perfectos el uno para el otro.

—Directora Vega, usted también quiere que Luna despierte rápido, ¿verdad? —Mila entrecerró los ojos y se tronó los largos dedos de las manos, provocando un crujido que daba dentera.

Al escuchar ese sonido, a Luna le empezó a palpitar la sien.

¿Qué planea esta loca? ¡¿Me va a atacar?!

¡Está loca, está completamente loca! ¡Corina, dile que no, por favor!

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