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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 75

—No te preocupes, Valeria. Mientras yo esté aquí, nadie se atreverá a faltarte al respeto.

Rafael Solís pellizcó con cariño la mejilla de Valeria. Al girarse hacia Mila, su mirada se volvió sombría, como el filo de una navaja envenenada.

—¡Tú, pídele disculpas a Valeria de inmediato!

Mila se cruzó de brazos con desinterés y una sonrisa burlona asomó a sus labios, como si estuviera viendo a un idiota.

—¿Eres un Solís?

Rafael alzó las cejas y soltó una carcajada llena de arrogancia.

—¡Así es! Soy el segundo hijo de la familia Solís, Rafael Solís. ¡Cualquiera que se atreva a tocar a mi mujer debe estar preparado para pagar las consecuencias!

Las dos vendedoras palidecieron al escuchar eso.

El joven Rafael Solís era un niño rico infame en Valle Plateado. Se aprovechaba del poder de su familia para hacer lo que le daba la gana; era una amenaza de la que todos en la alta sociedad intentaban huir.

Esta mujer llamada Mila Quiroz estaba a punto de meterse en graves problemas.

Sin embargo, Mila solo negó con la cabeza, con los ojos llenos de lástima y desprecio.

—Tienen el mismo apellido, pero es una lástima que no les hayan moldeado el mismo cerebro.

—¡¿Qué dijiste?!

—¡Rafa, te está llamando estúpido! —Valeria aprovechó la oportunidad de inmediato y señaló a Mila con un grito estridente—. ¡Esta mujer no es más que una salvaje de campo! ¡Encima es una exconvicta, de su boca solo salen porquerías!

Los ojos de Rafael ardieron de furia. ¡Él, el intocable de Valle Plateado, estaba siendo humillado en público por semejante basura!

—¡Ustedes dos! —les gritó a las vendedoras—. ¡Saquen a esta loca de aquí ahora mismo!

Las dos vendedoras se miraron entre sí, sintiéndose acorraladas.

—Joven Solís, esto... los clientes son sagrados cuando entran por esa puerta, no podemos echarla... —Aunque Mila no parecía tener un gran respaldo, ¿quién se atrevería a romper la regla de oro impuesta por la señorita Mónica, la fundadora de Joyería Centella?

—¡Ja! —Rafael se llevó las manos a la cintura, rebosante de arrogancia—. ¿Acaso Joyería Centella ya no quiere seguir operando en Plaza Pegaso? ¡Les recuerdo que este territorio le pertenece a la familia Solís!

Las vendedoras se pusieron aún más nerviosas.

—Por favor, joven Solís, no nos ponga en esta situación... si rompemos las reglas, la jefa Mónica nos despedirá en el acto.

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