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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 78

—¡Escúchenme bien! —Mónica recorrió el lugar con la mirada y declaró, remarcando cada palabra—. ¡Joyería Centella fue fundada exclusivamente para mi amiga! ¡Y este anillo, el Lucero, lo diseñé especialmente para ella!

—¡Cualquier cosa que pertenezca a Centella, le pertenece a ella!

¡Boom!

Rafael y Valeria sintieron como si les hubiera caído un rayo.

¡¿Una figura tan importante como Mónica Centeno tenía una relación tan íntima con Mila Quiroz?! ¡¿De verdad había venido personalmente para regalarle las joyas?!

¡Estaban locos, este mundo se había vuelto loco!

—Mónica, ¡¿acaso te equivocaste de persona?! Esta mujer no es más que una exconvicta de pueblo, una basura. ¡¿Cómo puede alguien como ella tener contacto contigo?! —bramó Rafael, llevándose la mano a la mejilla inflamada, al borde de un ataque de nervios.

—Ja, pues para tu información, esta perra también estuvo en la cárcel —Mónica lo admitió sin el menor rastro de vergüenza, mirándolo con profundo desprecio—. ¿Qué? ¿Entonces yo también soy una de esas basuras exconvictas de las que hablas?

El rostro de Rafael se quedó blanco como el papel. Se había sentido muy valiente insultando hace un momento, pero nunca imaginó que terminaría arrastrando a Mónica en sus ofensas.

—¡Vaya! ¡Así que tú también eres una exconvicta, Mónica Centeno! —Rafael, cegado por la ira y la humillación, levantó la mano dispuesto a devolverle la bofetada.

Pero Mila se interpuso en un abrir y cerrar de ojos, agarrándole la muñeca como si sus dedos fueran de hierro.

—Rafael Solís, comparado con tu hermano, eres un completo inútil.

—¡¿Qué dijiste?! —Si había algo que Rafael odiaba en el mundo, era que lo compararan con su hermano mayor.

Antes de que pudiera estallar, Mila atacó como un rayo, pateándolo con brutalidad en el pecho.

—¡Aaagh!

Rafael soltó un alarido de dolor y salió volando hacia atrás, escupiendo sangre.

Al ver a su jefe por los aires, los dos guardaespaldas se abalanzaron de inmediato.

Mila fue más rápida; con un puñetazo certero en la garganta, neutralizó a uno de ellos en el acto.

Al mismo tiempo, Mónica no se quedó atrás. Con una feroz patada baja, le destrozó el tobillo al otro guardaespaldas.

En un abrir y cerrar de ojos, aquellos dos hombres enormes habían sido derribados sin esfuerzo por dos mujeres que parecían frágiles.

—¡Mila Quiroz! ¡Mónica Centeno! ¡Son unas perras! —Rafael estaba tirado en el suelo, con la boca llena de sangre, mientras sacaba su teléfono—. ¡Atreverse a golpear a un Solís es escupirle en la cara a toda mi familia... se van a arrepentir!

Marcó el número de Julián Solís y empezó a llorar por el auricular.

—¡Hermano! ¡Me atacaron en Joyería Centella! ¡Ven a salvarme!

—Cuando llegue mi hermano, voy a hacer que se arrodillen a suplicar... ¡y tú, Mónica, ve despidiéndote de tu tiendecita en Plaza Pegaso, porque voy a destruirla!

Mónica soltó una carcajada fría y se acomodó el cuello de la camisa.

—¿Destruirla? ¡¿Te crees que la gran Joyería Centella le tiene miedo a la familia Solís?!

...

Mientras tanto, un piso más abajo, en la sección de blancos.

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