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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 97

—Milita, ven a sentarte —Don Pedro ya había ordenado que sirvieran un desayuno espectacular.

La mesa estaba llena de platillos deliciosos, demostrando lo mucho que valoraba a la nueva esposa de su nieto.

—Abuelo Pedro, usted está acostumbrado a las comodidades de la mansión. ¿Pudo dormir bien aquí? —preguntó Mila al sentarse, mirándolo con preocupación genuina—. Sé que vino porque estaba angustiado de que Nuno y yo nos hubiéramos casado tan rápido y tuviéramos problemas.

Luego, giró el rostro hacia Nuno, mirándolo con un amor que desbordaba por sus ojos.

—Es verdad que Nunito y yo nos conocemos de hace poco, pero el amor es una locura. Decir que fue amor a primera vista tal vez suene exagerado, pero... casi.

Nuno observaba cómo Mila tejía la mentira de su matrimonio por contrato con una naturalidad aplastante, actuando como la esposa más enamorada del mundo.

Especialmente cuando le dedicó esa mirada... por un segundo, hasta él dudó si era actuación o realidad.

—¡Qué maravilla! —El abuelo Pedro soltó una carcajada—. Milita, escucharte decir eso me quita un peso enorme de encima.

Acarició el mango de su bastón y suspiró.

—Allá afuera dicen cosas muy feas de Nuno, y la verdad temía que no se soportaran. Pero veo que me preocupé por nada.

—Ahora, ustedes dedíquense a vivir felices. Vayan a visitarme a la mansión cuando puedan y, lo más importante, denme pronto un bisnieto.

—No se preocupe, Abuelo Pedro. En eso estamos trabajando —Al decir esto, Mila miró a Nuno con una intensidad feroz, como una esposa que devora con los ojos al amor de su vida.

En cuanto Don Pedro cruzó la puerta de salida, Mila tiró la máscara al piso y se dejó caer sobre el sofá como un costal.

—Mila Quiroz, es una tragedia que no te den un Óscar por tus actuaciones —dijo Nuno, mirándola con una mezcla de sarcasmo y fascinación.

—Si Don Nuno cree que mi trabajo es tan bueno, ¿no debería darme un incentivo? —Mila sonrió con malicia y le extendió la palma de la mano—. Tampoco soy tan ambiciosa. Con cien millones me conformo.

—Mila Quiroz, ¿alguna vez te han dicho que eres una sinvergüenza? —Nuno negó con la cabeza, rindiéndose.

—¿Has escuchado el dicho: 'Abandona tu moral y disfruta la vida'? —Mila soltó una carcajada descarada—. Antes me importaba demasiado hacer lo correcto y cuidar mi imagen, y por eso me pisotearon.

—Ahora solo vivo para mí. Ser feliz y hacer lo que me dé la gana es mi única meta.

Nuno frunció el ceño. Iba a responderle, pero el tono de su celular lo interrumpió.

Era Sebastián.

—Entendido. Voy para allá ahora mismo —Nuno colgó tras una respuesta corta y miró a Mila—. Surgió algo en la empresa. Me voy. La casa es tuya, haz lo que quieras.

Hizo una pausa, suavizando un poco la voz.

—Al principio... quería exigirte que vivieras aquí hasta que terminara el contrato. Pero cambié de opinión. Eres libre de ir y venir cuando quieras. No te voy a forzar a nada.

Mila alzó una ceja, sorprendida de que Nuno pudiera ser tan razonable.

Pensó que era un obsesivo controlador, pero resultaba que se podía hablar con él.

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