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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 1006

—Mariana.

Al escuchar su nombre, Rebeca volvió la mirada hacia donde provenía la voz y enseguida la vio.

Mariana llevaba un vestido largo de hombros descubiertos que resaltaba perfectamente su figura.

En el cuello lucía únicamente un collar de zafiros, sin ningún otro adorno.

Su cabello largo caía con naturalidad sobre los hombros y el maquillaje, elegante y llamativo, la hacía lucir distinguida y deslumbrante.

Rebeca la observó con los ojos llenos de rechazo y celos.

¿Todavía tenía el descaro de presentarse en una recepción organizada por la familia Treviño?

Mariana estaba conversando con varios conocidos.

Una de las personas a su lado comentó entre risas:

—Mariana, no viste cómo Rebeca intentaba quedar bien con Jairo hace rato. Pero él ni siquiera le hizo caso.

La relación entre Mariana y Rebeca siempre había sido pésima, así que normalmente Mariana no asistía a los eventos organizados por la familia Treviño.

Sin embargo, al final aquello no dejaba de ser un conflicto personal entre las dos.

Esta vez, la invitación había sido enviada a Rogelio.

Mariana solo había decidido acompañarlo porque se enteró de que Jairo también asistiría esa noche.

Al sentir la mirada de Rebeca sobre ella, levantó los ojos y la miró.

Rebeca mantuvo el rostro frío y enseguida se dio la vuelta para marcharse.

Mariana preguntó a quienes estaban a su lado:

—¿Dónde está Jairo?

Justo cuando ella había entrado al salón, Jairo acababa de alejarse.

—Hace rato, un mesero le derramó una copa encima por accidente. No sabemos a dónde fue después.

Mariana curvó los labios con frialdad.

Qué casualidad tan conveniente.

Rogelio acababa de terminar de saludar a varios invitados cuando se acercó a buscar a Mariana.

Después de apartarse un poco del resto, ella preguntó:

—¿Qué pasa?

Rogelio respondió:

—Muchas personas vinieron esta noche por Jairo.

Él no se oponía a que Mariana intentara conquistar nuevamente a Jairo.

—¿No vas demasiado rápido?

—¿Cómo no voy a tener prisa? Tu mamá y yo hasta hemos imaginado incontables veces cómo se llamarán tus hijos.

Mariana era su única hija, así que naturalmente ambos esperaban tener nietos cuanto antes.

Además, por la situación familiar actual de Jairo, si algún día tenían hijos, probablemente Rogelio y su esposa también tendrían que ayudar a cuidarlos.

Y eso les parecía perfecto.

Mariana lo interrumpió enseguida:

—Ya, papá. No te adelantes tanto. Jairo y yo todavía no hemos definido nada.

—En ese caso, tampoco hace falta que lo invite a cenar a la casa.

La expresión de Mariana cambió al instante.

Le dio un ligero empujón con el hombro.

—Lo dijiste a propósito para provocarme, ¿verdad?

Rogelio solo la miró y no respondió.

Mariana se apresuró a tomarlo del brazo y sonrió para congraciarse con él.

—Entonces voy a tener que pedirle ayuda a mi querido papá.

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