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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 1121

El guardia balbuceó:

—Señorita Rocío...

Ella dejó de mirarlo y le ordenó al chofer:

—Adelante.

El chofer pisó el acelerador y avanzó hacia el camino de subida.

Al verlo, el guardia tuvo que dar la señal para que los dejaran pasar.

Enseguida llamó de nuevo a su superior.

Su superior respondió:

—Voy a informar al señor Gael. Tú avisa al mayordomo de inmediato. Que no deje que Rocío se lleve a nadie.

—Sí.

El guardia guardó el celular y tomó el radio para avisar al personal de la propiedad.

Veinte minutos después, el carro llegó.

En cuanto entraron en aquella zona, los celulares se quedaron sin señal.

El vehículo se detuvo y Rocío bajó.

El mayordomo, que ya estaba enterado, salió a recibirla.

—Señorita Rocío.

Ella caminó directamente hacia la casa.

—¿Dónde están?

—Arriba.

Rocío subió al segundo piso.

En una sala cercana al balcón, Julieta y Carlos estaban sentados frente a frente, jugando ajedrez.

Julieta parecía indecisa sobre su siguiente movimiento y fruncía el ceño mientras pensaba.

Rocío se detuvo.

Primero miró a Julieta y después a Carlos, que observaba a Julieta con una ternura inmensa.

De pronto, Carlos volvió la cabeza hacia Rocío.

A Rocío le dio un vuelco el corazón.

Se apresuró a disimular lo que sentía y se acercó.

Julieta no alzó la vista hasta que Rocío estuvo cerca. La miró con desconcierto.

No recordaba a nadie ni nada de su vida.

Solo sabía que había perdido la memoria, que no podía salir de aquella propiedad y que tampoco tenía manera de comunicarse con el exterior.

La inquietud no la abandonaba.

Sin embargo, cuando Carlos había aparecido, confió en él por instinto.

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