Capítulo 117 Al escuchar esas palabras, Julieta se detuvo un instante y levantó la mirada hacia Héctor.
Comprendió enseguida a qué se refería, y en su interior solo sintió una amarga ironía.
La comisura de sus labios se curvó en una sonrisa fría:
—¿Qué es lo que quieres decir?
Héctor bajó la mirada hacia ella, con una expresión imposible de descifrar:
—Siempre he oído que Carlos es un hombre distante y sin interés en las mujeres. Debes de tener bastante encanto.
Julieta sonrió, aunque sus ojos permanecían fríos:
—Lo tomaré como un cumplido.
En ese breve intercambio de palabras, el elevador ya había subido.
Julieta volvió a presionar el botón hacia arriba y permaneció allí sin prestar atención a Héctor.
Héctor se dio la vuelta para marcharse. Mientras caminaba, contestó una llamada.
—Voy para casa enseguida.
Al escuchar su voz, Julieta alzó ligeramente el rostro y respiró hondo, tratando de contener la emoción que le despertaba oírlo.
Cuando el elevador llegó, Julieta entró.
El segundo día del evento fue otra jornada igual de intensa.
Por la mañana hubo discursos de diversas autoridades y por la tarde se realizaron varias mesas de discusión.
Cuando coincidía con Héctor, las conversaciones entre ellos se limitaban estrictamente al contenido del evento.
Sin embargo, Héctor le lanzaba preguntas incisivas, casi como si la estuviera poniendo a prueba.
Con periodistas y expertos del sector presentes, si Julieta no respondía bien o cometía algún error, su reputación profesional podría verse afectada.
Pero todas sus respuestas fueron impecables, evitando con habilidad las trampas que Héctor parecía tenderle.
Durante el receso, Julieta por fin pudo relajar un poco la tensión acumulada.
Carlos se acercó a ella.
—Héctor está siendo deliberadamente duro contigo.
Julieta bebió un sorbo de agua:
—Sí. No sé qué le pasa.
O quizá... ¿la había reconocido?
Pero eso era imposible.
Si realmente la hubiera reconocido, su actitud sería mucho más que simple hostilidad.
—Tal vez porque lastimé a Adriana y quiere hacerme quedar mal.
Al llegar el tercer día, los asistentes mantuvieron conversaciones libres entre sí y por la noche habría una cena de gala.
Durante los dos primeros días, la actuación de Julieta, su notable capacidad y su gran presencia habían llamado la atención de muchos.
Aquella mirada la incomodó profundamente.
No quería quedarse allí.
En ese momento vio a Carlos.
—No los interrumpo más —dijo con cortesía, despidiéndose de los demás.
Carlos acababa de terminar una entrevista.
Tomás observó cómo Julieta se alejaba.
Su mirada siguió su figura hasta verla acercarse a Carlos.
En sus ojos apareció un rastro de decepción difícil de ocultar:
—Parece que tiene una relación bastante cercana con Carlos.
Héctor lo miró: 1 —¿Te gusta?
Tomás se quedó un momento sorprendido al encontrarse con la mirada de Héctor:
—No exactamente... solo la admiro. 1 El rostro de Héctor se volvió serio:
—Incluso la admiración debe tener límites.
Después de decir eso, siguió caminando hacia el interior.
Tomás miró a lo lejos la figura de Julieta una vez más, y luego siguió los pasos de Héctor.

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