Entrar Via

La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 802

Carlos llevó a Julieta a un restaurante cercano.

El lugar tenía vista al lago del parque.

Se sentaron junto a la ventana, donde el paisaje ayudaba a despejar la mente.

Después de ordenar, Carlos la miró.

—¿No dormiste bien anoche?

Era evidente que se había maquillado para disimular el cansancio de su rostro, pero sus ojos seguían apagados, sin el brillo de siempre.

Julieta no lo negó.

—No pude dormir bien. Tengo la cabeza hecha un desastre y me siento agotada.

Sentía que estaba a punto de volverse loca.

No sabía qué hacer ni cómo actuar. Parecía incapaz de hacer algo bien.

¿Por qué tenía que soportar tanto sufrimiento?

De niña, su madre no la había querido.

De adulta, había terminado atrapada en un matrimonio que la hacía sufrir y ahora incluso se había convertido en una carga para quienes la rodeaban.

¿Por qué Dios la trataba de aquella manera?

Los profundos ojos de Carlos, ocultos detrás de los lentes, observaron cómo los de Julieta comenzaban a enrojecerse.

Se levantó, caminó hasta ella y se sentó a su lado.

Quiso abrazarla, pero al final se limitó a tomarla de la mano.

Todo el cuerpo de Julieta se tensó.

Entonces escuchó la voz firme y profunda de Carlos:

—No sigas atormentándote con esas ideas. No hiciste nada malo y nadie te culpa por lo que pasó. Todos queremos que te recuperes pronto, así que no seas tan dura contigo misma. Ya lograste superar algo así una vez y también podrás hacerlo ahora.

—Todavía tienes toda una vida por delante. Nadie puede ser feliz todo el tiempo ni vivir sin pasar por momentos difíciles. Todos cargamos con dolores que a veces no podemos contarle a nadie, pero aun así seguimos adelante. No dejes que este momento tan duro te haga olvidar todo lo demás. No estás sola. Tienes a tu familia y a tus amigos, que te quieren y van a estar contigo hasta que vuelvas a sentirte bien.

Julieta apretó los dedos y asintió con fuerza.

—Lo entiendo.

Al mismo tiempo, alguien que se encontraba a cierta distancia les tomó una fotografía.

Había elegido el ángulo a propósito.

No se distinguían sus expresiones y, con solo ver la imagen, parecían una pareja comportándose con intimidad.

—¡Tú...!

La voz fría y grave de Carlos la interrumpió:

—Leonardo, llévate a tu mujer y deja de estorbarnos.

Leonardo lo miró y soltó una risa burlona.

—Hacerte el comprensivo no te va a servir para conquistarla. Hay mujeres a las que les gusta que las traten mal: entre mejor las tratas, menos te valoran.

Carlos entrecerró los ojos.

—Lárgate.

Leonardo soltó una risa fría y se llevó a Adriana, cuyo rostro estaba completamente desencajado.

Después de que se marcharon, los meseros comenzaron a llevar los platillos a la mesa.

Carlos dijo:

—Julieta, come primero.

Ella asintió.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera)