Capítulo 128 De un vistazo vio la espalda de Héctor cargando a Sofía.
Estaban frente a un estante lleno de peluches.
Adriana, de pie a su lado, sostenía uno en las manos y sonreía mientras le preguntaba a Sofía si le gustaba.
Julieta no alcanzaba a ver la expresión de Sofía ni sabía qué le estaba diciendo a Adriana.
Desde fuera, los tres parecían una familia feliz.
Irene, intrigada, miró hacia atrás y entonces notó a Héctor.
Su presencia era imposible de ignorar: solo con ver su perfil y su figura alta y elegante resultaba impactante, y no tenía nada que envidiarle a Carlos.
—Julieta, ¿qué estás viendo?
Irene nunca había visto a Héctor, así que no sabía que las dos personas a las que Julieta observaba eran su hija y su esposo.
Julieta bajó la mirada y apartó los ojos:
—Nada.
Carlos se acercó cargando a Camila.
La niña ya había elegido el juguete que quería y lo mostraba feliz.
Julieta le acarició la cabeza. 1 Ya no tenía ánimo para seguir mirando cosas, así que tomó al azar dos tazas.
Carlos fue a pagar a la caja y luego los cuatro salieron de la tienda de recuerdos. 1 El ánimo de Julieta, que apenas había logrado calmarse, volvió a alterarse al recordar la escena que acababa de ver. 1 Aun así, se contuvo y no dejó que nada se notara.
Camila encontró un peluche de su personaje favorito.
Irene le tomó varias fotos con el muñeco.
Julieta y Carlos observaban a las dos desde un lado.
—¿Estás de mal humor? —preguntó Carlos de pronto.
Julieta volvió en sí y lo miró.
Sonrió con los labios apretados, sin saber qué decir.
Carlos añadió:
—¿Aún no sabes cómo acercarte a tu hija?
Él también había visto a Héctor y a Sofía.
Julieta miró a Sofía, en sus ojos apareció una sombra de tristeza.
—Para Sofía, yo no existo en su mundo. Ni siquiera sé cómo acercarme a ella. Quizá lo mejor sea quedarme como una extraña que solo la observa ser feliz.
Héctor, con toda seguridad, nunca mencionaría nada sobre ella frente a Sofía.
Para la niña, la figura de "mamá" era simplemente algo desconocido.
Y Julieta también temía alterar la vida que Sofía tenía ahora.
Carlos dijo:
—Si aún no sabes qué hacer, tal vez lo mejor sea precisamente eso: permanecer como una desconocida.
Julieta asintió. De repente sintió un nudo en la garganta.
Carlos bajó la mirada hacia sus ojos enrojecidos y estaba a punto de decir algo cuando el celular de Julieta sonó. 1 Sacó el celular del bolso.
Era Sergio.
—Voy a contestar —dijo.
Carlos asintió.
Julieta caminó hacia un lugar más apartado, respiró hondo para tranquilizarse y respondió.
—¿Bueno?
Sergio escuchó el bullicio de fondo y preguntó:
—¿Dónde andas?
—En Universal Studios.
—¿Qué tal si cenamos juntos esta noche? Yo invito.
Julieta curvó ligeramente los labios:
—Si tú invitas, claro que voy.
—Entonces, ¿quieres que pase por ustedes?
—No hace falta. Carlos está con nosotras. Pásame la dirección y vamos directo.
—Está bien.
Tras colgar, Julieta se quedó un momento quieta para serenarse.
Quería ir al baño, así que regresó para avisarle a Carlos y a Irene.


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