Capítulo 291 Héctor dijo con calma:
—Tu padre ya rehizo su vida. Tiene otra familia, otro hijo... y todos están bien.
Del otro lado volvió el silencio.
Después de un largo momento, Jairo habló:
—Lo sé... mientras estén bien, es suficiente.
En su voz se percibía una emoción compleja, difícil de describir.
Héctor apretó ligeramente el celular.
—¿Estás seguro de que no quieres buscarlos?
Jairo soltó una risa amarga.
—Ni yo mismo lo sé... pero ahora son felices. Si aparezco, solo voy a complicar las cosas.
Probablemente su padre y su hermana ya ni siquiera lo recordaban.
—Entonces... dejémoselo al tiempo —dijo Héctor.
—Está bien. Por cierto, pronto voy a ir a Lago Azul.
Héctor añadió de pronto:
—Escuché que planeas adquirir Altum Technologies.
—Me interesa mucho su tecnología de desarrollo —respondió Jairo—. Cortexia Tech tiene mercado, pero le falta innovación; Altum tiene justo eso. Si se integran, pueden complementarse. Además, ahora Altum atraviesa conflictos internos... es el momento perfecto.
Altum Technologies había sido fundada por Rafael junto con algunos socios.
En sus inicios, todos estaban enfocados en hacer crecer la empresa.
Pero ahora que habían alcanzado cierto nivel, comenzaron las diferencias en la visión de negocio.
Héctor no dijo nada más y colgó.
Dejó el celular y le indicó al chofer:
—Vámonos.
Por la tarde, Julieta estaba en su oficina revisando trabajo con Carlos.
En ese momento, Carlos recibió una llamada.
Por lo que Julieta alcanzó a escuchar, la semana siguiente él viajaría a Lago Azul para firmar un proyecto de inversión conjunta con Kevin.
Diez minutos después, colgó.
—La familia Quintana ya se está moviendo — comentó Julieta—. Parece que no quieren esperar más.
Jairo estaba avanzando paso a paso sobre los negocios clave de Grupo Valverde.
Carlos respondió:
—Jairo no está dejando nada a la consideración de la familia Quintana. Este proyecto conjunto es la carta más fuerte de Kevin.
—Ojalá Grupo Altamira pueda sacar provecho de esto —dijo Julieta.
Al acercarse a la oficina, escuchó el llanto de los niños y a un padre reclamando con enojo a Mónica.
Julieta entró apresuradamente.
Sofía estaba ahí, con el rostro enrojecido de coraje, los puños apretados, mirando fijamente a una mujer elegantemente vestida.
—¡Sofía!
Al verla, Sofía corrió hacia ella.
Toda la tensión que había contenido se rompió de golpe. Las lágrimas comenzaron a brotar sin control.
Julieta la cargó de inmediato.
Sofía enterró el rostro en su hombro y rompió en Ilanto.
Julieta le acarició la espalda, con el corazón encogido.
—Ya, tranquila... aquí estoy.
La oficina se llenó del sonido del llanto.
Julieta se sentó y la consoló durante un buen rato.
Finalmente, Sofía se calmó.
No tenía heridas.
Según Mónica... había sido ella quien golpeó a otro niño.

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