Capítulo 299 La mirada de Guadalupe se endureció ligeramente, pero al final no dijo nada.
Sofía se acercó y miró a Julieta.
—¿Ya perdonaste a Adriana?
Julieta le acarició la cabeza, No respondió; en cambio, preguntó:
—¿Todavía quieres ver más joyas?
Celeste se acercó para llevarse a Sofía al salón VIP.
—Bianca, ¿puedo ir?
Julieta asintió.
—Ve.
Al ver que Bianca no parecía molesta, Sofía se fue tranquila con Celeste.
Cuando se alejaron...
—Sofía sí que es una buena niña —dijo Mariana, satisfecha—. Esa bofetada que le diste a Adriana debió haber sido más fuerte.
Luego añadió con sarcasmo:
—Ya hasta presentaron a las dos familias... ¿y ese imbécil de Héctor todavía no piensa casarse con Adriana?
Irene comentó:
—Escuché que Guadalupe consiente muchísimo a Adriana. Y aun así permitió que la golpearan.
Mariana frunció el ceño, también desconcertada.
No era propio de Guadalupe.
Se notaba que no le había gustado ver a Adriana abofeteada... y aun así no dijo nada.
Irene añadió:
—Con una hija así, se ve que ella tampoco es buena persona.
—En eso sí le atinaste —respondió Mariana.
Julieta e Irene voltearon a verla al mismo tiempo.
En realidad, Mariana no quería meterse en asuntos privados de adultos, pero ese día no pudo contenerse.
—Guadalupe es la segunda esposa del padre de Adriana. Cuando era joven, era guapísima. Dicen que varios pesos pesados del mundo empresarial se enamoraron de ella a primera vista... pero en ese entonces ya estaba casada. Aun así, después logró casarse con la familia Quintana. Jairo es el hijo que tuvo con su primer esposo.
Irene entendió al instante.
—Entonces dejó a su marido para casarse con una familia poderosa... Ya veo, no es ninguna ingenua.
De tal palo, tal astilla.
Celeste, sin duda, no quería que Sofía siguiera acercándosea ella.
Pero Sofía ahora dependía mucho de su compañía;
era inevitable que quisiera estar con ella.
Justo cuando pensaba en eso, se escuch movimiento en el piso de arriba.
Las tres voltearon hacia la escalera y vieron a Celeste bajando, llevando a Sofía de la mano.
Detrás venían Guadalupe y Adriana.
Celeste, en efecto, no quería que Sofía siguiera con Julieta ese día.
Pero Sofía no estaba dispuesta.
A medida que crecía, su sentido de identidad se hacía más fuerte... y su apego a Julieta también.
-¡Bianca!
Al bajar, Sofía corrió hacia Julieta.
Julieta dio un paso al frente.
Celeste le lanzó a Julieta una mirada fría... y luego le dijo algo en voz baja a Sofía.

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