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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 322

Capítulo 322 Héctor dirigió la mtrada hacia ellos.

Tras despedirse brevemente de Hugo y de las personas con las que conversaba, se encaminó

hacia Jairo.

Julieta notó su acercamiento y se puso de pic.

-Con permiso.

Jairo asintió.

Ella salió directamente del salón.

Héctor la siguió con la mirada, fijándose en su espalda mientras se alejaba.

Al mismo tiempo, Adriana también la vio. En sus ojos brilló fugazmente un destello oscuro.

Al salir, el pasitlo estaba mucho más tranquilo.

Julieta solo necesitaba un poco de aire.

Avanzó hasta una terraza más apartada.

La brisa nocturna era fresca, y desde ahí se podía contemplar toda la ciudad de Lago Azul, iluminada y vibrante.

En ese momento, su celular sonó.

-¿Sofía?

-Perdón... no vi tu llamada -dijo Sofia con voz suave-. Apenas la encontré.

El ánimo de Julieta se alivió al instante, -No pasa nada, Hoy en la mañana estuve ocupada y no pude estar contigo... lo siento.

-Lo sé,estás trabajando. No me enojé.

Esa madurez solo le provocó una culpa difícil de explicar.

-No te he visto en todo el día... ¿a qué hora regresas hoy?

Había algo de cautela en su voz.

Julieta no dudó.

-Ya voy de regreso.

No tenía ganas de quedarse más tiempo.

Con Sebastián ahí, no hacía falta que ella se quedara.

-¡Está bien! -respondió Sofía, claramente contenta.

Julieta colgó y le marcó a Sebastián.

-Julieta.

-Ya me voy. Me regreso.

-Perfecto, yo me encargo de esto. Maneja con cuidado.

-Si.

Colgó.

Sabía perfectamente quién tenía enfrente.

El miedo lo dejó completamente paralizado.

Héctor sosťuvo a Julieta y, mirándolo desde arriba, dijo con frialdad:

-No vuelvas a aparecer frente ami.

El hombre bajó la cabeza.

Héctor se dio la vuelta y se marchó con Julieta en brazos.

Cuando Julieta recuperó la conciencia, todo era tibio y suave.

Un aroma dulce, como a leche, llenaba el aire.

Algo blando descansaba entre sus brazos...y, sin pensarlo, lo abrazó con más fuerza.

De pronto, abrió los ojos.

La habitación estaba a oscuras.

Pero podía sentir claramente que sostenía a una niña.

Cuando su vista se acostumbró, distinguió el rostro de Sofía, acurrucada contra ella.

Su mente tardó un instante en reaccionar.

Recordaba haber sido drogada y, sin embargo, ahora estaba ahí, acostada junto a Sofía.

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