Capítuln 331 Julieta abrió los ojas de par en par y miró a Héctor.
El silencio se volvió asfixiante, el aire parecía muerto.
No supo cuánto tiempo pasó hasta que habló, con una calma helada:
-Entonces tú puedes hacer lo que quieras... y yo solo tengo que dejar que me manejes, ¿es eso?
Héctor inhaló hondo. Retiró la mano, se enderezó y la miró desde arriba.
En sus ojos negros se había asentado una capa de frío.
-Si elegiste casarte conmigo y tener a Sofia, debiste entender desde entonces que tu vida ya no depende solo de ti.
Julieta apretó los dedos. Tomó aire y lo sostuvo con la mirada.
-Enamorarme de ti fue lo más estúpido que he hecho en mi vida. Por amarte, hace cinco años permití que pisotearas mi dignidad. Le debo mucho a Sofía, es mi responsabilidad... pero no voy a permitir que la uses para controlar mi vida.
Los ojos de Héctor se entrecerraron.
De pronto, una sonrisa ambigua se díhujó en sus labios.
-Has cambiado... más que hace cinco años. Pero no es suficiente.
-Héctor, no me obligues.
Él soltó una risa breve.
-Mejor piensa cómo vas a compensarle a Sofía estos cinco años.
Y se dio la vuelta, subiendo las escaleras con paso firme.
Julieta se quedó inmóvil, mirando su espalda hasta que desapareció.
Luego caminó hasta el sofá y se dejó caer,agotada.
Se inclinó hacia adelante, enterrando las manos en el cabello.
Estaba completamente exhausta.
Hasta que una voz la llamó:
-Mamá...
Se recompuso de inmediato.
Vio a Sofía correr hacla ella.
La niña bajó las escaleras y se lanzó a sus brazos, restregándose contra ella con cariño.
-Mamá, ¿huelo rico?
Julieta sonrió con suavidad.
-Eres la niña que mejor huele.
-Y tú eres la mamá que mejor huele. ¿Dónde está

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