Capítulo 359 En ese momento, un Bentley se detuvo lentamente en el estacionamiento.
Jairo bajó del carro y, al dirigirse hacia la entrada del restaurante, notó a Jimena y a Mauricio de pie junto a la puerta.
No les prestó demasiada atención y pasó de largo, entrando directamente.
Mauricio estaba ocupado recibiendo a los mayores.
Había mucha gente entrando y saliendo, así que no se percató de Jairo.
—Mauricio, ¿no piensas ayudar a tu tío con eso? — se escuchó la voz de Jimena, en tono de reproche.
Jairo, que ya había entrado al vestíbulo, se detuvo en secO.
Fue como si una mano invisible le apretara los nervios.
Sus pies quedaron clavados en el suelo, incapaces de moverse.
Las voces detrás de él se acercaban cada vez más.
Lentamente, giró el cuerpo y su mirada se posó en Mauricio.
Habían pasado veinte años.
Aquel padre joven ya no existía.
En su lugar había un hombre envejecido, con arrugas en el rostro y el cuerpo ensanchado, muy lejos de lo que había sido.
Pero cuando Mauricio sonrió, por un instante, lo arrastró de vuelta a aquel recuerdo de hace veinte años... al rostro lleno de ternura de su padre.
La mano que le colgaba al costado comenzó a temblar levemente.
Mauricio conversaba animadamente con la familia Rivas.
—Mauricio, ¡qué bárbaro! A tu edad y todavía con un hijo pequeño... sí que tienes suerte —bromeó uno de ellos.
Mauricio soltó una carcajada.
5 —Sí, pero quien realmente ha sufrido es Jimena, que me dio a este adorable Thiago.
—Pues más te vale tratarla bien.
—Claro que sí. Ahora todo lo hago como ella dice. El resto de mi vida es para ellos dos —respondió entre risas.
Siguieron conversando, sin notar en absoluto la presencia de Jairo.
Jairo permanecía rígido, observando cómo se alejaban, contemplando aquella escena familiar llena de calidez.
Siempre había sabido que su padre se había vuelto a casar... que tenía una nueva familia.
Y ahora, incluso, un hijo.

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