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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 360

Capítulo 360 Héctor llegó al hospital con un termo de comida para visitar a Jairo.

Al verlo entrar, Jairo preguntó:

—¿Y tú qué haces aquí?

Al notar la herida en un lado de su rostro, se sorprendió ligeramente.

—¿Qué te pasó en la cara?

Héctor se acercó sin responder.

Dejó el termo sobre el buró y preguntó:

—¿Cómo te sientes?

—Mucho mejor.

—No has comido, ¿verdad? Come algo primero.

Jairo desvió la mirada hacia la ventana, con los ojos apagados.

—No tengo hambre.

Héctor lo observó en silencio.

—¿Qué pasó? ¿Traes algo en la cabeza?

Guadalupe lo había llamado antes: Jairo no contestaba.

Tampoco respondió las llamadas de Héctor.

Tras contactar a varias personas, finalmente supo con quién había quedado y así se enteró de que había sufrido un fuerte dolor de cabeza y había terminado en el hospital.

Jairo no respondió. Volvió a mirarlo.

—Regresa y acompaña a tu hija. Quiero estar solo.

Héctor arrastró una silla y se sentó a su lado.

—Sofía está con alguien. El que necesita compañía ahora eres tú.

Jairo soltó una leve risa.

—Desde que tienes a Sofía... te has vuelto un poco más humano.

—Dime, ¿qué pasó?

Jairo guardó silencio unos segundos.

—Hoy vi a mi padre.

Las pupilas de Héctor se contrajeron levemente.

—¿No te acercaste?

Jairo esbozó una sonrisa amarga.

Habían ido a llevarle un caldo a la abuela de Rafael.

Llevaba tres días hospitalizada en Monteluz.

La familia Rivas había ido pasando a visitarla, y aprovecharon la ocasión para reunirse todos a comer.

—¡Abuela! ¡Tía! —llamó Julieta al entrar en la habitación.

—Julieta, Rafael... ya llegaron.

Al oír esa voz, Jairo se detuvo apenas. 1 Héctor, al notar su reacción, le preguntó:

—¿Qué pasa?

Jairo reaccionó y negó.

—Nada... se me hizo conocida la voz.

Héctor no dijo más.

Lo llevó de vuelta a casa.

La casa, amplia, estaba en silencio.

Guadalupe se había ido con Adriana a Lago Azul para pasar las fiestas. 2 Lo había llamado para que fuera también, pero desde hacía dos años, ese lugar ya no era su hogar.

Y él ya no tenía ganas de seguir fingiendo.

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