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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 833

Julieta caminó hasta detenerse frente a Guadalupe y la miró con calma, sin mostrar emoción alguna.

Guadalupe no tuvo más remedio que sostenerle la mirada.

Aunque Julieta no había reaccionado de forma violenta, lo único que deseaba era escapar de ahí.

Julieta dijo con frialdad:

—Quiero ver a Adriana. Hace rato dejó algunas cosas sin aclarar por celular.

Guadalupe comprendió de inmediato lo que había ocurrido.

Desvió la mirada y respondió en voz baja:

—No se siente bien. Está descansando.

Julieta la miró fijamente.

—Hace rato se escuchaba muy animada. No parecía sentirse mal.

Guadalupe volvió a esquivar su mirada.

Durante unos instantes, no supo qué decir y apenas logró mantenerse en pie apoyándose en la empleada.

Permaneció en silencio.

Los demás tampoco dijeron nada y esperaron la decisión de Julieta.

—En ese caso, esperaré aquí. La veré cuando haya descansado lo suficiente.

Guadalupe apretó con fuerza el brazo de la empleada.

La mujer reaccionó y dijo en voz baja:

—Señora Guadalupe, permítame llevarla a descansar.

Por dentro, estaba desconcertada y sorprendida.

No entendía quién era Julieta en realidad.

Todos a su alrededor parecían estar esperando que ella tomara una decisión, e incluso Guadalupe se mostraba sumamente alterada frente a ella.

La empleada ayudó a Guadalupe a salir.

Solo después de abandonar la sala y alejarse lo suficiente, Guadalupe respiró profundamente.

Enseguida, las piernas le fallaron y su rostro se puso aún más pálido.

La empleada la llamó con preocupación:

—¡Cuidado, señora Guadalupe!

Después de que Guadalupe se marchó, la sala volvió a quedar en silencio.

Julieta se volvió hacia Jairo.

Él se apresuró a decir:

—Entonces descansa un rato.

Julieta apartó la mirada, volvió a sentarse en el sillón y ordenó:

—Salgan todos.

Después de esforzarse por recuperar la compostura, Guadalupe regresó a la habitación del piso de arriba.

Álvaro volvió la cabeza al verla.

Notó de inmediato que algo no estaba bien y se acercó preocupado.

—¿Qué te pasa?

Guadalupe negó con la cabeza.

—Nada.

Se acercó a Adriana.

—Ya ordené que anunciaran la cancelación de la fiesta de compromiso. Hoy mismo volveremos a Lago Azul.

Adriana apretó los dedos.

Tenía los ojos enrojecidos, y en su mirada se acumulaban la indignación, el dolor y la frustración.

Guadalupe la observó y endureció el tono:

—No vuelvas a actuar impulsivamente. Hazme caso. Álvaro, ayúdala a levantarse.

Álvaro percibió claramente que algo no estaba bien con Guadalupe y también se puso nervioso.

—¿Pasó algo? ¿Jairo...?

Guadalupe lo interrumpió:

—No preguntes por ahora.

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