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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 370

Capítulo 370 Leonardo apartó la mirada y, con una leve sonrisa, dijo:

—Una mujer que quiero tener.

Apenas terminó de hablar, una sombra oscura se marcó en los ojos de Héctor.

—¿Ah, sí?

Julieta subió al carro de Sergio.

Le tomó un buen rato estabilizar sus emociones antes de lograr calmarse.

Fue entonces cuando Sergio preguntó:

—¿Ese es Leonardo?

En la época en que Julieta sufrió aquel incidente, él estaba en el momento más crítico de su empresa.

Durante más de medio año casi no tuvo contacto con ella.

No fue sino hasta después que se enteró de que Julieta había estado a punto de pasar por algo terrible.

Carlos, que estaba en Gran Bahía por el divorcio de Irene, fue quien se quedó a su lado.

Él la acompañó en todo momento y, más tarde, llevó el caso a juicio hasta lograr que Leonardo fuera encarcelado.

Nunca imaginó que saldría tan pronto.

En ese entonces, Sergio no pudo evitar sentirse profundamente arrepentido... por no haber estado con ella.

Al ver la reacción de Julieta, todo quedó claro.

Lo que no esperaba era que Héctor también conociera a Leonardo.

Sobre lo que Julieta había vivido en Gran Bahía, Mauricio, Jimena y los demás no sabían absolutamente nada.

Julieta se sostuvo la frente con una mano, soltó un suspiro y asintió con debilidad.

Sergio, al verla así, decidió no preguntar más.

No sabía exactamente qué había pasado en ese tiempo.

Solo sabía que Julieta había ido a terapia psicológica durante medio año... y que poco a poco había logrado recuperarse.

Al pensarlo, la mano con la que sujetaba el volante se tensó sin darse cuenta.

Regresaron a la villa.

Esa noche, ni siquiera el alcohol ayudó: Julieta durmió mal.

Tuvo pesadillas... volvió a soñar que estaba encerrada en una habitación oscura, escuchando día y noche aquellos sonidos sucios e insoportables.

Aquella semana había sido para ella una tortura tanto física como emocional.

Cuando volvió a despertar, ya eran las diez de la mañana.

Se escuchó un golpe en la puerta.

Julieta se incorporó.

—Pasa.

—Me ayudó a contactar a una empresa dispuesta a comprar mis acciones a buen precio. En dos días voy a reunirme con ellos para negociar y cerrar el acuerdo.

—¿Cómo conociste a Emanuel? Se ve bastante dispuesto a ayudarte.

—Lo conocí cuando hacía el doctorado. También fue alumno del profesor Ignacio.

Sergio asintió.

Guardó silencio un momento antes de preguntar:

—¿Y cuándo piensas regresar al país?

Llevaban ya más de una semana ahí.

En principio, pensaban resolver todo en menos de un mes y luego tomarse un tiempo para viajar y relajarse.

Pero ahora, Julieta solo quería volver.

—En cuanto termine todo... nos regresamos.

Sergio estuvo de acuerdo.

Él ya había terminado sus asuntos ahí; ahora, básicamente, se quedaba para acompañarla.

—¿Hoy vas a ir a la empresa?

—Sí, iré un rato en la tarde. A la una.

—Perfecto, voy contigo.

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