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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 409

Capítulo 409 Julieta reaccionó entonces. Se quitó el brazalete y dijo: -¿Cuánto crees que valga?

Carlos respondió: -Con esa calidad, mínimo un millón de dólares.

Julieta se sorprendió.

Héctor sí que era generoso.

Aunque, comparado con la tarjeta negra que le dio a Adriana, esto no era nada.

Dejó escapar una risa fría para sí misma.

El brazalete era hermoso, pero le resultab incómodo.

Lo mejor sería devolvérselo en cuanto pudiera.

Más de una hora después, Julieta regresó a la empresa.

Pedro condujo su carro para llevar a Carlos a casa.

En el camino, Carlos llamó a Irene.

-¿Julieta dijo que te cayó mal algo?

Irene estaba recostada en el sofá, comiendo fruta con total tranquilidad.

-No me cayó mal nada. Fue una excusa... quería darte una sorpresa.

Carlos ya lo había supuesto.

-¿Entonces ya cada quien se fue por su lado? - preguntó Irene.

-Ella regresó a la empresa. Yo me voy a casa.

-Está bien.

*** En cuanto Julieta llegó a la oficina, recibió una llamada de Sofía.

-¿No ibas a ir por papá al aeropuerto?

Julieta se quedó en silencio un instante y frunció el ceño.

Así que Héctor sí había dicho algo.

Por un momento no supo cómo explicarlo.

-Sofía...ya tenía un compromiso con un amigo. No te lo expliqué bien, lo siento.

La voz de Sofía sonó desanimada.

-Está bien... Papá dijo que te dio un regalo.

¿Puedes darle tú unas flores? 3 Julieta dudó un segundo, pero al final aceptó.

*** Esa noche, Sebastián organizó una reunión para celebrar el regreso de Carlos.

Las ganancias obtenidas del proyecto de Leonardo habían sido una sorpresa agradable.

-Entonces, si Héctor no se divorcia... Julieta lo tiene difícil.

Un hombre como Héctor daba miedo.

Ni Leonardo había podido con él.

Mucho menos Simón.

Julieta tampoco podría enfrentarlo.

Al escuchar eso, el corazón de Julieta se hundió un poco.

Había pensado que al ir a Gran Bahía y encargarse de las acciones, podría alejarse de Héctor.

Que con el tiempo él perdería interés.

Pero todo lo contrario.

Habían vuelto a cruzarse una y otra vez.

-Y Adriana... qué inútil —dijo Mariana-. Tanto tiempo y ni siquiera ha podido quedar embarazada para casarse con Héctor.

Irene soltó una risa despectiva.

-No es más que una cara bonita sin cerebro. Solo sirve para que los hombres se entretengan un rato.

Julieta las interrumpió: -Ya basta. Hoy es un buen día. No vale la pena hablar de gente ni de cosas desagradables.

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