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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 425

Capítulo 425 Ya que habían llegado hasta ahí, claro que valía la pena subir hasta la cima.

Julieta asintió.

Carlos le dio algunas indicaciones a Irene y luego emprendió el ascenso con Julieta.

Cuando los vio alejarse, Irene tomó el teleférico de regreso y le mandó un mensaje a Carlos para avisarle.

No fue a la pista de esquí.

Quería darle oportunidad a Camila de convivir un rato con Rafael.

Así que volvió directo al hotel, se recostó en la cama y se puso a jugar con el celular.

Julieta y Carlos siguieron subiendo.

El camino de escalones estaba resbaloso, así que avanzaban despacio.

Carlos no dejaba de estar atento a Julieta, pendiente de que no fuera a resbalar.

1/ Pero Julieta llevaba años entrenando.

Tenía muy buen equilibrio y además sus botas eran antiderrapantes, así que la subida no le representaba mayor problema.

Sin embargo, una chica que iba delante de ellos resbaló de pronto.

Su cuerpo se fue hacia atrás y estuvo a punto de estrellarse contra Julieta.

Carlos reaccionó al instante.

Con un brazo rodeó la cintura de Julieta y la jaló hacia sí, mientras con la otra mano sostuvo la espalda de la joven que caía.

Cuando la chica recuperó el equilibrio, seguía pálida del susto.

Carlos bajó la mirada hacia Julieta.

Todavía la tenía entre sus brazos.

—¿Estás bien?

Julieta alzó la vista hacia él.

—Sí, estoy bien.

Carlos la soltó de inmediato.

La joven, ya repuesta, se dio la vuelta para agradecerles, pero al ver a Carlos se quedó inmóvil un instante.

Aunque no podía distinguirle bien el rostro, su porte y presencia resultaban impactantes.

—Perdón... de verdad, muchas gracias.

—El suelo está mojado. Ten cuidado al caminar — respondió Carlos.

La muchacha escuchó aquella voz grave y profunda, y sintió que el corazón le daba un vuelco.

Luego miró a Julieta a su lado.

Una mujer tan hermosa no dejaba lugar a dudas.

Julieta y Carlos la rodearon para seguir adelante.

—No hay de qué.

Luego sacó una tarjeta de presentación del bolsillo.

—Dicen que el atardecer aquí es hermoso. Me voy a quedar hasta que se meta el sol. Si después quieren más fotos, llámenme y con gusto se las tomo gratis.

Carlos recibió la tarjeta.

—Gracias.

La chica se despidió y se marchó primero.

Carlos le entregó una de las fotos a Julieta.

Ella la guardó en el bolsillo y ambos continuaron subiendo.

Carlos habló mientras caminaban.

—Vi unos videos en internet. Los amaneceres y atardeceres de esta montaña sí se ven impresionantes.

—Desde el principio quería ver el atardecer hoy.

El plan original era pasar el día abajo y subir por la tarde para verlo.

Pero la llegada inesperada de Héctor había alterado todo.

Carlos sonrió levemente.

—Ya que estamos aquí, sería una lástima no quedarnos. Más tarde podemos avisarles a Rafael y a los demás para que suban también.

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