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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 432

Capítulo 432 Antes de que Julieta pudiera responder, Sofía habló con total naturalidad: —¡Sí quiero! Quiero una foto con papá y mamá.

Julieta solo le acarició la cabeza.

Héctor le entregó la cámara al empleado.

El trabajador les tomó varias fotos.

Mientras Héctor revisaba las imágenes en la cámara, Sofía se acercó curiosa para verlas.

Julieta, por su parte, levantó el celular y grabó el sol elevándose a lo lejos.

La majestuosidad del amanecer, igual que la del atardecer, era demasiado grande para caber dentro de una pequeña pantalla.

Después, Héctor también les tomó muchas fotos a ellas dos.

Unos minutos más tarde, toda la cima quedó completamente iluminada.

Los tres bajaron del mirador.

Sofía llevaba un molde con forma de pato para hacer bolas de nieve y venía jugando con él por el camino.

Julieta se quedó con ella para hacer otro muñeco de nieve.

Pero, fiel a su falta de talento manual, el resultado volvió a salir deforme.

Sofía lo miró confundida.

—Mamá... ¿eso sí es un muñeco de nieve?

Julieta se quedó muda, sin saber qué contestar.

—Papá, mira el muñeco que hizo mamá.

Sofía volteó a llamar a Héctor.

Él se agachó frente a la figura en el suelo y la observó con seriedad.

—Eso no es un muñeco de nieve.

Julieta se quedó sin palabras.

Sofía inclinó la cabeza.

—Entonces, ¿qué es?

Héctor miró a Julieta.

—¿Qué nueva especie intentaste crear? 1 Julieta le lanzó una mirada fría y no respondió.

Héctor soltó una risa baja.

Luego miró a Sofía.

—Tu mamá no sabe hacer muñecos de nieve. Yo te haré uno nuevo.

—¡Sí!

Julieta entrecerró los ojos mientras lo observaba.

Héctor se agachó, tomó nieve con ambas manos y empezó a moldearla con seriedad.

De verdad era capaz de actuar como el esposo ideal y el padre perfecto... siempre que Sofía estuviera presente.

En ese momento sonó el celular de Julieta.

Se apartó unos pasos para contestar.

Era Sergio.

Julieta se dio la vuelta y regresó.

Vio el muñeco de nieve de Héctor.

Dos bolas redondas, una grande y otra pequeña, perfectamente apiladas.

Ahora sí tenía forma de verdad.

—¡Este es el papá muñeco! —anunció Sofía emocionada—. Y papá va a hacer también a la mamá muñeco y al bebé muñeco.

Héctor le acarició la cabeza.

—Entonces tú y mamá vayan a la tienda a ver si venden chocolates para ponerles ojos. 3 —¡Sí!

Sofía tomó la mano de Julieta y se la llevó casi arrastrando.

Cuando regresaron, Héctor ya había terminado.

Sofía colocó chocolates como ojos en los muñecos.

Tres figuras de nieve, una grande, una mediana y una pequeña, estaban juntas.

Sofía sonrió radiante.

—Este es papá, esta es mamá... y esta soy yo.

Héctor contempló con ternura la felicidad de su hija.

Después volvió la mirada hacia Julieta.

Julieta no lo miró.

Solo le habló a Sofía: —Bueno, ya casi es hora de bajar.

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