Capítulo 460 Jimena ni siquiera lo miró.
Abrió la puerta del carro para subir.
Entonces Ramiro volvió a hablar.
—Más de diez años sin vernos... quisiera platicar contigo. Escuché que Rafael ahora tiene mucho éxito, hasta puso su propia empresa. Qué orgullo...
jamás imaginé que mi hijo llegaría tan lejos.
Su voz rebosaba emoción fingida... y una codicia apenas disimulada.
Jimena se detuvo en seco.
Giró lentamente y lo fulminó con la mirada.
—¿Cómo nos encontraste?
Años atrás, Ramiro había perdido todo apostando.
Se endeudó hasta el cuello.
Durante una pelea con cobradores golpeó gravemente a uno de ellos y terminó sentenciado a dieciocho años de prisión.
Fue mientras él estaba preso cuando Jimena consiguió divorciarse.
Pero él puso una condición: que ella pagara una deuda pendiente de veinte mil dólares.
En aquel tiempo, para Jimena, esa cantidad era enorme.
Aun así aceptó.
Se fue a trabajar a Monteluz para saldar las deudas de Ramiro... y además costear los estudios de Rafael.
Vendía lo que podía por su cuenta.
También cocinaba para obreros en una construcción.
Casualmente, aquella obra pertenecía a una empresa de Mauricio.
Mauricio probó una vez su comida y elogió lo bien que cocinaba.
En ese entonces, él acababa de divorciarse de Guadalupe.
Estaba hundido.
Y por la separación familiar, Julieta había comenzado a rechazar la comida.
Así que Mauricio contrató a Jimena para cocinar en la casa.
Y ella se quedó.
Después, Rafael ganó una beca completa e ingresó a la universidad de Monteluz.
Jimena siempre creyó que jamás volvería a cruzarse con Ramiro.
Ramiro sonrió con falsa cordialidad.
—Fuimos marido y mujer. Solo quería saber cómo le fue a Rafael. Aunque veo que a ti también te fue de maravilla... toda una señora adinerada.
Jimena entendió sus intenciones al instante.
Su rostro se endureció.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera)