Carlos se marchó en su carro.
A mitad del camino, recibió una llamada de Jimena.
—Julieta ya está bien. No te preocupes.
Jimena se sentía cada vez más arrepentida. Nunca debió contarle aquellas cosas.
—Qué bueno.
Carlos añadió:
—En el estado en que se encuentra, no deben someterla a más presión emocional.
—Lo sé. Todo fue culpa mía. ¿Entonces se quedará con Héctor?
—Sí. Por ahora, será mejor que permanezca ahí. Con Sofía a su lado, seguramente se sentirá mejor.
—Entiendo.
***
Héctor subió y regresó a la recámara.
Sofía estaba inclinada sobre el borde de la cama, sosteniendo la mano de Julieta.
Al verlo entrar, lo llamó en voz baja:
—Papá.
Héctor se acercó y le acarició la cabeza con ternura.
—Papá, ¿por qué mamá todavía no despierta? ¿Cuánto tiempo más va a dormir?
La mirada de Héctor cayó sobre el rostro pálido y sereno de Julieta.
Después de que se desmayó, la habían llevado al hospital.
Ahí le administraron un medicamento para que pudiera dormir profundamente y evitar que despertara alterada.
—Hay que dejarla descansar bien.
Sofía miró a Julieta.
—Mamá parece muy cansada. Que duerma todo lo que necesite.
De pronto, Julieta se movió sobre la cama.
Sus pestañas temblaron y abrió lentamente los ojos.
—Mamá —la llamó Sofía.
La visión de Julieta fue aclarándose poco a poco, hasta que distinguió a Héctor y a Sofía sentados junto a la cama.
Héctor le tomó la mano.
—Ya despertaste. ¿Quieres levantarte?
Julieta lo miró.
—Mamá —volvió a llamarla Sofía con preocupación.
Julieta volteó hacia ella. Curvó los labios y su mirada se llenó de ternura.
—Estoy bien.
—¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo?
Julieta apoyó las manos sobre la cama para incorporarse.

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