Juan dijo:
—Sé que tienes criterio propio y que siempre sabes tomar las decisiones que más te convienen. Pero cuando se trata de Julieta, ya no eres el mismo de antes. ¿Dónde quedó tu racionalidad? No quiero seguir viendo cómo permites que alguien controle tus emociones. Julieta no es la mujer adecuada para ti.
En aquel entonces, había aceptado la decisión de doña Gómez porque una familia como la de Julieta era fácil de controlar.
Además, Héctor no sentía nada por ella, así que podía terminar aquella relación en cualquier momento.
Con el paso del tiempo, incluso podrían fingir que ese matrimonio nunca había existido.
Julieta también había tenido suerte.
Después de que ambos se casaron, la salud de don Gómez realmente había mejorado.
Sin embargo, la situación actual había superado por completo las expectativas de todos.
Héctor lo miró.
—Entonces, ¿qué quieres que haga con Sofía?
La mirada de Juan se ensombreció. Sabía lo mucho que Sofía quería a Julieta.
Le preguntó con seriedad:
—¿De verdad nunca has pensado en divorciarte?
Héctor dirigió la mirada hacia la ventana. Su atractivo rostro permaneció sereno.
Después de guardar silencio unos instantes, respondió:
—He pensado en dejarla libre, pero siento que terminaría arrepintiéndome. Tampoco quiero ver sufrir a Sofía.
—De verdad consiguió volverte indeciso.
Héctor se puso de pie y lo miró desde arriba.
—No vuelvan a intervenir en este asunto. Julieta ya no volverá a presentarse ante ustedes. Espero que tampoco hagan nada más a mis espaldas.
Después se marchó.
Al subir al carro, llamó a la villa.
—¿Ya despertó?
La empleada respondió:
—La señora Julieta todavía no despierta, pero el señor Carlos está afuera.
—Déjenlo esperando. No permitan que entre.

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