Capítulo 495 Julieta soltó una risa.
—¿Ah, sí?
Héctor se inclinó de pronto hacia ella. Apoyó una mano al otro lado de su cuerpo, y la sombra de su figura alta la cubrió por completo.
A esa distancia, su respiración rozaba la punta de su nariz.
Sus miradas se encontraron, pero en sus ojos no había rastro de deseo desbordado. 2 Héctor entreabrió los labios. Su voz era baja, profunda, magnética.
—¿Quieres comprobarlo?
Julieta extendió la mano y lo apartó de un empujón.
El cuerpo de Héctor se echó un poco hacia atrás, pero no se molestó.
Solo curvó los labios en una sonrisa.
—También podemos intentarlo la próxima vez.
En ese momento, la empleada bajó y avisó que Sofía ya había despertado.
Julieta se levantó y subió las escaleras.
Héctor también estaba por seguirla cuando sonó su celular.
Lo tomó, miró el nombre en la pantalla y contestó:
—Hola, abuela.
Del otro lado llegó la voz de doña Gómez.
—Héctor, ¿tú y Julieta ya se reconciliaron?
Ese día Celeste había terminado furiosa.
Nunca había sufrido una humillación así, y lo peor era que Héctor no había hecho nada.
Eso ya dejaba claro que él y Julieta se habían reconciliado.
Poco después de que Julieta y Héctor salieron del hospital, Celeste tampoco pudo quedarse más tiempo y regresó a Casa Gómez.
Luego recibió una llamada de Malena.
Su humor ya estaba por los suelos, y al escuchar lo que Malena le dijo, se irritó todavía más.
Si las habían corrido, ¿quién más podía haberlo hecho sino Julieta?
Era evidente que Héctor ahora escuchaba todo lo que Julieta decía.
Cuando doña Gómez despertó, Celeste no pudo controlar sus emociones y comenzó a quejarse con ella.
En cuanto a que Héctor quisiera recuperar a Julieta, doña Gómez no se sorprendió demasiado.
Después de todo, era mayor y veía las cosas con mucha más calma que Celeste.
—Julieta, al final, es la mamá de Sofía. Adriana, la verdad, no es adecuada para ser la esposa de Héctor.
2 Doña Gómez sabía perfectamente por qué Guadalupe se había acercado tanto a Celeste últimamente.

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