Héctor recibió una llamada de Sofía.
—Papá, mamá, vengan rápido.
Julieta alcanzó a escuchar la voz alegre de Sofía al otro lado de la línea, seguida de un acceso de tos.
Sintió que se le encogía el corazón. Cuando Héctor colgó, preguntó:
—¿Sofía está enferma?
—Empezó a sentirse un poco mal desde que regresó.
***
Cuando llegaron a Casa Gómez, Julieta no entró.
Se quedó afuera, junto al carro, esperando a que salieran.
Mientras esperaba, un Rolls-Royce se detuvo lentamente.
Julieta vio a Fabián bajar y caminar hacia ella.
Cuando se detuvo frente a ella, lo saludó:
—Fabián.
—En realidad, ahora puedes decirme primo.
Julieta apenas curvó los labios y no respondió.
—Si viniste por Sofía, ¿por qué no entraste?
—Héctor fue por ella.
Fabián asintió sin hacer más preguntas.
—Quisiera pedirte un favor.
—Dime.
—Últimamente hemos pensado en varias muchachas que podrían hacer buena pareja con Sergio y queremos que las conozca. Ya no es ningún jovencito y no puede seguir dejando de lado su vida personal por estar siempre metido en el trabajo. Tú lo conoces desde que eran niños, así que seguramente lo entiendes mejor que nosotros. Me gustaría que nos ayudaras a ver cuál sería la más adecuada para él.
Julieta respondió:
—Puedo ayudarles y darles mi opinión, pero al final la decisión tiene que ser de Sergio.
Fabián asintió.
En ese momento, se escuchó la voz de Sofía:
—¡Mamá!
Julieta levantó la mirada y vio a Sofía correr hacia ella.
Le acarició la cabeza con ternura.
Sofía miró a Fabián y lo saludó:
—Fabián.
Él le sonrió con cariño.
Héctor dijo:
—Tú y mamá suban primero al carro.
Julieta tomó a Sofía de la mano y ambas subieron.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera)