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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 795

El ambiente dentro de la oficina se volvió especialmente tenso y frío.

Al final, Jairo salió con el rostro lívido de rabia.

Teresa estaba afuera.

Al verlo y percibir la frialdad que emanaba de él, se apresuró a hacerse a un lado y lo saludó con respeto:

—Buenos días, señor Jairo.

Jairo pasó de largo sin siquiera mirarla y caminó directamente hacia el elevador.

Después de que se marchó, Teresa entró en la oficina para informarle a Héctor sobre algunos asuntos de trabajo.

El rostro de Héctor se veía tan sereno como siempre y ya se había abrochado el cuello de la camisa, como si antes lo hubiera dejado abierto a propósito.

Cuando terminó de informarle, Teresa salió de la oficina.

Miguel la estaba buscando para hablar de un asunto.

Después de conversar sobre el trabajo, Teresa no pudo evitar preguntar:

—Parece que el señor Héctor y el señor Jairo tuvieron una discusión bastante seria. ¿Ocurrió algo?

Miguel frunció el ceño.

Héctor podía tener conflictos de intereses con cualquier persona, excepto con Jairo.

Sin embargo, era evidente que había surgido una fuerte disputa entre ellos.

En cuanto al problema con Grupo Altamar Internacional, la única persona de quien Miguel podía sospechar era Jairo.

Durante tantos años, Héctor y Jairo jamás habían tenido un conflicto.

Aunque desconocía el motivo, presentía que todo estaba relacionado con Julieta.

¿Quién habría imaginado que aquella mujer llegaría a tener tanta influencia?

Miguel no quiso darle ninguna explicación y respondió con expresión seria:

—Concéntrate en tu trabajo y no hagas preguntas sobre asuntos que no te corresponden.

Teresa supo detenerse a tiempo.

—Entendido.

***

Después de devolverle el celular a la empleada, Julieta preguntó:

—¿Dónde está Sofía?

Su voz estaba tan ronca que apenas pudo reconocerla, lo que la dejó desconcertada por un instante.

La empleada sonrió como si comprendiera la situación.

—Sofía está tocando el piano en la sala de música.

—Puedes salir.

—Primero la ayudaré a levantarse.

—Sí.

Sofía la tomó de la mano y bajaron juntas.

Después de que Julieta comió con ella, una empleada llevó la medicina ya caliente.

Al ver aquel líquido oscuro, Sofía se tapó la nariz.

Era la medicina que más detestaba.

Aunque le daba mucha pena que su mamá tuviera que tomar una medicina tan amarga, su papá le había dicho que debía tomársela para poder recuperarse.

—Mamá, tienes que tomarte toda la medicina. Solo así vas a mejorar. Ya te preparé un dulce.

Sacó el caramelo que llevaba guardado en el bolsillo.

Julieta la miró y esbozó una leve sonrisa antes de recibir el tazón.

Sofía no apartaba los ojos de ella, como si estuviera vigilándola.

Julieta soltó el aire, levantó el tazón y comenzó a beber.

Tuvo que hacerlo en dos intentos, pero logró terminárselo.

Sofía se apresuró a darle el dulce y le acarició la espalda.

—Ya no está amarga. Mamá sí sabe tomarse la medicina, mucho mejor que yo.

Julieta no pudo evitar pellizcarle suavemente la punta de la nariz.

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