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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 606

Capítulo 606

Héctor explicó:

—Sofía está en Casa Gómez. Julieta quedó de verse con unos amigos.

Jairo dijo:

—¿Qué sentido tiene que sigas así? Que cada quien esté bien por su lado sería la mejor opción.

Héctor esbozó una leve sonrisa.

—¿Quieres ver a tu sobrina perder a su mamá?

—Divorciarse no significa que Sofía vaya a perder a su mamá.

—¿Y si después ella se vuelve a casar y tiene otro hijo? ¿Cuánto amor de madre le quedaría para Sofía? Tú sabes mejor que nadie cuánto puede afectar a un niño el divorcio de sus padres. No quiero ver sufrir a Sofía.

Por un momento, Jairo no pudo refutarlo.

Después de guardar silencio unos instantes, dijo:

—En efecto, eres un buen padre. Pero si es así, ¿por qué no estás dispuesto a enfrentar el pasado?

Héctor curvó apenas los labios.

—Todo necesita tiempo, ¿no?

Jairo lo miró fijamente. Al final, no dijo nada más.

***

Ese día, Julieta, Irene, Rafael y Sergio pasaron toda la tarde recorriendo el mercado festivo.

Solo podía describirse como un mar de gente.

También fueron a un templo a consultar su suerte y pidieron algunos amuletos.

Por la noche, vieron el festival de luces.

Después de cenar, se despidieron y cada quien se fue por su lado.

Como Julieta ya se lo había explicado a Sofía con anticipación, Sofía no volvió a llamarla.

Irene regresó a casa.

Lo primero que hizo fue buscar a Carlos.

—Mira, ¿qué es esto?

Él recibió uno: un papelito de predicción que decía "la mejor suerte".

Carlos preguntó:

—¿Qué pediste?

Irene fingió ponerse misteriosa.

—Adivina.

Carlos alzó una ceja.

—¿Preguntaste si Rafael y tú van a terminar juntos?

Irene negó con la cabeza.

—Fallaste.

—Entonces, ¿qué fue?

Irene dijo:

—Bueno, te lo voy a decir. Pregunté por Julieta y por ti. Dicen que las predicciones de este templo son muy certeras.

En los labios de Carlos apareció una leve sonrisa.

—¿Ah, sí?

Podía decirse que había logrado seguir adelante gracias a Sofía.

Aunque Sofía no sabía decir nada en ese entonces, podía sentir las emociones de su mamá y sabía lo difícil que era para ella.

De pronto, Julieta ya no pudo contenerse.

Sus ojos se enrojecieron y las lágrimas cayeron como si se hubiera roto una represa.

El corazón le dolía una y otra vez.

Tardó mucho en tranquilizarse.

Aquella escena en la que Sofía decía "mamá" la repitió incontables veces.

Fue entonces cuando sonó su celular.

Alver el nombre en la pantalla, respiró hondo, tomó el celular y contestó.

Su voz sonaba tranquila, pero distante.

—Bueno.

La llamada era de Héctor.

—Estoy afuera.

Julieta frunció el ceño.

—¿Qué quieres?

—Sal primero.

Julieta respondió:

—Dime por celular lo que tengas que decir.

Estoy cansada. 

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