Carlos se levantó y caminó hasta colocarse a su lado.
Bajó la mirada hacia la planta baja.
La lluvia no parecía tener intención de detenerse y, entre las nubes oscuras, de vez en cuando retumbaban truenos apagados.
Después de un breve silencio, Carlos dijo:
—Arregla tus cosas en estos dos días y vete primero a Sombrales. Si queda algo pendiente, déjaselo a Mariana.
Julieta no tuvo ninguna objeción y asintió.
Unos diez minutos después, Mariana llegó a la oficina de Carlos.
—Ya llevamos a Dominga al hospital. Por cómo estaba, no sé si vaya a resistir.
Carlos dijo:
—Regresen a trabajar.
Mariana y Julieta asintieron y salieron de la oficina.
***
En el despacho del presidente de Grupo Central, Miguel tocó la puerta, entró e informó sobre la situación.
En un principio, Chuy había firmado con toda seguridad aquel acuerdo sujeto a metas de desempeño.
Sin embargo, después de investigar, descubrieron que contaba con el respaldo de capital extranjero.
Si Héctor no se hubiera dado cuenta a tiempo, quizá Chuy se habría salido con la suya.
Miguel continuó:
—La señora Julieta pagó todos los gastos médicos de Chuy y, además, le dio una suma de dinero a Dominga. Esta mañana, Dominga fue a Grupo Altamira y se arrodilló frente al edificio para suplicarle que la ayudara. Ya la llevaron al hospital.
Miguel no sabía si Julieta era demasiado buena o demasiado ingenua.
No bastaba con tener buenas intenciones; también había que saber cuándo ayudar.
Ella también era una profesional destacada de ese sector.
Cinco años atrás había trabajado al lado de Héctor.
¿Acaso no conocía la crueldad de la competencia ni las reglas de aquella industria?
Cuando la otra parte intentó perjudicar a Grupo Central, no mostró la menor compasión.
Habían fracasado y ahora debían asumir las consecuencias.
Julieta era la esposa de Héctor, pero, en lugar de ponerse de su lado, había ido a compadecerse de la otra parte.
Miguel realmente no sabía qué pensar de ella.
Si de verdad se ablandaba y acudía a suplicarle a Héctor, entonces, aunque fuera la madre de Sofía, no merecía permanecer a su lado.
Tener cerca a una persona así siempre representaría un riesgo.
Héctor escuchó el informe de Miguel. Su atractivo rostro permaneció sereno, sin revelar ninguna emoción.
—Que sigan vigilando.

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