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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 751

Julieta miró fijamente el techo. Poco a poco, su respiración agitada comenzó a calmarse.

Héctor retiró la mano, se sentó en el borde de la cama y la observó.

—¿Quieres levantarte a comer algo?

Julieta permaneció en silencio, sin responder.

Tenía la mirada vacía y el rostro pálido, como si no le quedaran fuerzas.

Héctor dejó la toalla en el recipiente.

—Entonces regresemos a casa.

Apartó la cobija que cubría a Julieta, se inclinó y la cargó en brazos.

Ella seguía sin reaccionar, como si hubiera perdido por completo las fuerzas.

Héctor salió de la habitación con Julieta en brazos.

La empleada entró, tomó el bolso de ella y los siguió.

Al regresar a Costa Dorada, Héctor subió con Julieta hasta la recámara, la acostó en la cama y la cubrió con la cobija.

Al verla cerrar los ojos con pesadez, dijo:

—Descansa.

Después se dio la vuelta, salió de la recámara y cerró la puerta.

Dentro de la habitación reinaba el silencio, interrumpido únicamente por el viento que golpeaba con fuerza las ventanas.

Ese día, Héctor no fue a la empresa. Se quedó en el estudio atendiendo asuntos de trabajo.

***

En una villa ubicada a las afueras de la ciudad, el doctor le cambiaba cuidadosamente las vendas a Leonardo en la recámara principal.

Tenía gran parte del cuerpo cubierta de gasas.

Dos sirvientas jóvenes y bonitas se acercaron para ayudarlo a ponerse la pijama.

Después, Leonardo bajó al comedor.

Simón ya estaba sentado a la mesa esperándolo.

Leonardo ocupó el lugar de la cabecera y preguntó:

—¿Cómo va todo?

Simón respondió:

Leonardo dijo:

—Bianca sí da lástima. ¿Cómo está Adriana?

—Sigue en el hospital. Guadalupe está con ella. Héctor sí que es despiadado. Ella recibió una cuchillada por él y, aun así, ni siquiera se quedó a acompañarla.

***

El celular de Julieta sonó.

Era Carlos, pero Héctor contestó la llamada.

—No se siente bien. Tendrá que descansar en casa durante un tiempo, así que no podrá ir a trabajar.

Carlos dijo:

—Necesito hablar con ella.

—Ahora no está en condiciones de contestar llamadas. Si no hay nada más, voy a colgar.

Héctor terminó la llamada sin darle oportunidad de responder.

Carlos escuchó el tono de la llamada cortada, dejó el celular y su expresión se ensombreció.

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