Capítulo 76 A las siete y media comenzó el espectáculo de fuegos artificiales y drones.
Desde temprano, la ribera del río ya estaba abarrotada de gente.
El grupo de Julieta no fue hacia allá para evitar las aglomeraciones, ya que ella tenía el vientre muy avanzado.
En su lugar, fueron directamente a la Torre Central, cuyo último piso ofrecía una vista privilegiada.
Subieron juntos en el elevador.
En la planta superior había un restaurante de alto nivel; el lugar estaba reservado con anticipación y tenía aforo limitado, por lo que el ambiente era tranquilo y con poca gente.
Aunque el espectáculo aún no comenzaba, contemplar la ciudad iluminada desde lo alto ya era, por sí solo, un auténtico festín visual.
Julieta y Mariana sacaron sus celulares para tomar fotos.
Se hicieron selfies juntas y también les tomaron algunas a los hombres, que no eran muy aficionados a las fotos, con la excepción de Sebastián.
—¡Todos vean acá, sonrían! —dijo Sebastián, sosteniendo el celular.
Todos miraron a la cámara; Julieta y Mariana hicieron la señal de corazón con las manos.
En ese momento, varias figuras conocidas entraron en su campo de visión.
Al alzar la vista, vieron a Héctor, Jairo, Tomás, Adriana y Paulina.
Adriana iba tomada del brazo de Héctor al frente; se veían muy bien juntos, como una pareja perfectamente combinada.
Ambos grupos se miraron brevemente y el ambiente se tensó de inmediato.
Julieta miró a Héctor.
Sus miradas se cruzaron por un instante; era la primera vez que se veían desde que ella había terminado hospitalizada por el coraje que él le provocó.
Pero fue solo una mirada fría y distante.
Pronto, ambos bandos apartaron la vista.
Mariana puso los ojos en blanco y murmuró con sarcasmo:
—¿Por qué siempre nos topamos con cosas sucias, a donde sea que vayamos?
Por suerte, habló en voz baja y el grupo de Héctor no estaba sentado cerca de ellos.
Sebastián soltó una risa y dijo:
—¿Quieren que vayamos a una iglesia a espantar la mala suerte?
—Esa sí es una buena idea —respondió Mariana.
*** Durante esos días, Julieta ya había logrado recuperar cierta calma, pero al reencontrarse con Héctor, su corazón volvió a desordenarse.
Solo pudo obligarse a mantenerse serena, sin querer arruinar el ánimo de los demás.
Aun así, por más que intentó disimularlo, los otros notaron que algo no estaba bien con ella.
Suprulo D Mariana sugirió que ver el espectáculo desde abajo sería igual de bonito.
Al oírla, nadie se opuso.
Julieta sabía que la propuesta era por su culpa y se sintió un poco culpable, pero la verdad era que ya no quería quedarse alli.
Todos se levantaron y se dispusieron a irse.
Mariana sostuvo a Julieta y caminó al frente; los hombres iban detrás, y Sergio cerraba el grupo.
Antes de irse, Sergio lanzó una mirada hacia Héctor, con el rostro visiblemente serio.
—Será para la próxima. La siguiente vez yo invito.
—Perfecto.
Cada uno subió a su carro y se marchó por su lado.
Al día siguiente, Julieta recibió una llamada de Doña Gómez, pidiéndole que regresara ese mismo día a Casa Gómez.
No tuvo más opción que ir.
Alrededor de las once, Rafael la llevó en carro hasta Casa Gómez.
El carro se detuvo frente a la entrada principal.
Sergio había pasado la noche allí.
Al saber que Julieta vendría, la estuvo esperando desde temprano en la puerta.
Al ver a Rafael, se acercó para saludarlo.
—Julieta, tú y Sergio entren primero—dijo Rafael.
—Está bien.
Sergio miró a Rafael y añadió:
—Ya que viniste, pasa con nosotros.
Rafael negó con la cabeza:
—No hace falta. Tú acompaña a Julieta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera)
Me molesta Julieta por indecisa, obvio que tiene sentimientos por Hector; nadie se acuesta una y otra vez con alguien que no quiere. Le falta carácter para pelear por su familia desde el inicio. Es egoísta siempre piensa en ella. Esta novela refleja el diario vivir de un hombre en la vida real. Salió embarazada se quiso casar, se caso y aunque no la paso bien porque obligó a alguien a casarse tampoco podía obligarlo a amarlo. Cuando tuvo el bebé, no lo quiso se fue" típico de los hombre" le importo ella aunque Hector le llamo para que acompañará a la bebé lo ignoro e hizo su vida. Pasan años, vuelve, se acerca a la niña, pero no acepta la responsabilidad, solo piensa en ella. Aquí víctima solo Sofia, Hector a pesar de su carácter dejó su ego de lado por complacer a su hija, "el típico rol de la mujer", 0 mujeres e incluso ha aprendido a ser humano por complacer a la niña. Juliette al contrario, dice que no lo quiere, pero disfruta la cama, sale embarazada de un 2do niño y lo habla con Carlos, otro migajero que detesto, Acaso no debería hablarle con Hecto. Solo espero que la escritora no se vaya por el lado del aborto porque dejo de leerla. Estaría nuevamente mostrando el rol típico del hombre que le pide a la mujer que no la quiere y que aborte. Aquí Julieta tendrá la excusa de que su cuerpo es suyo y si pase que decepcionante porque la verdad no importa quien realice el acto sea hombre o mujer. Eso se llama ser egoístas y nunca pensar en los que realmente sufren, en este caso Sofia y el bebé por nacer. Yo siendo Julieta, no escucho a nadie, solo pensaría en mi como mujer, si me gusta Hector me quedo con él, me enfrento al mundo de su brazo, no permitiría qué un tercero se meta en la relación, hablaría con él de frente. La verdad ya me cansa su papel de víctima, y estoy de acuerdo si quiere vivir lejos de Hector qué lo haga, pero que no se quejo cuando Hector la deje de lado y se case porque quiera o no ella perdió los derechos legales sobre Sofia. Si él se casa la niña dejará de convivir por ella y no porque Hector la vaya a negar es porque según leo esta historia es de origen asiático y ellos tienen otra tradición. Los hijos no dejan su casa, si se separan se quedan con la familia paterna y así será....